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miércoles, 31 de octubre de 2012

El primer cubano que conocí


Destrucción en Santiago de Cuba,
Sandy también pasó por aquí, ¡no lo olviden! 
El primer cubano que conocí, en este caso cubana, fue cuando yo era muy chiquita, ya que nací en el mismo año que la “robolución” en Cuba. Creo que era alrededor de los sesenta, cuando Catalina “la habana”, como la conocímos muchos,  llegó a vivir a mi pueblo, Barbate.
De vivos ojos azules, era una señora alta y delgada como un junco, y extrañamente elegante, a pesar de vivir en una caseta de tablas, como casi todos los que vivíamos en aquella calle de mi pueblo de Cádiz hace ya más de medio siglo.
En mi memoria aún se guardan los aromas de su cocina en los días especiales, arroz con frijoles y carne de puerco asada, y sobre todo las historias que nos contaba a los niños que jugábamos alrededor de su casa con los nietos que le fueron llegando.
Nos hablaba de un maravilloso país donde siempre hacía calor, de una tierra fértil donde se cultivaba de todo, de los casinos, salones de baile, heladerías, tiendas de ropa con nombres como “El Encanto”, grandes coches que circulaban por amplias avenidas iluminadas como el día, cines, teatros, televisión y cadenas de radios, y no sé cuantas cosas más. Su marido, un hombre serio y taciturno llamado Lázaro, apenas esbozaba unas tristes sonrisas cuando ella le recordaba alguna anécdota de las vividas en común. Apenas le recuerdo, pues murió pronto, creo que de pena, por haber dejado aquel maravilloso lugar tan lleno de vida y de color.
Para los españoles de aquel entonces era muy difícil imaginarse un lugar así, España era un país más bien triste y gris, donde ya campaba desde hacía unos cuantos años un señor que no le andaba a la zaga al que supuestamente entró para liberar al pueblo cubano, como se ha demostrado a lo largo de la historia, y cuando le preguntaban que por qué había dejado aquel fantástico paraíso para venirse a vivir a nuestro anodino pueblo, nos decía que aquí, al menos, podía salir a la calle sin tener que estar constantemente viendo vallas que le recordase que había alguien que les vigilaba todo el tiempo, ni gente barbuda que la arengaba a luchar en nombre de una libertad que ella ya había disfrutado y que poco a poco iba desapareciendo.

Ella no entendía de política, solamente sabía que antes podía ir a cualquier lugar a divertirse y a comprar, a reunirse con los amigos en cualquier casa y formar un “guateque”, donde se bailaba y se cantaban canciones mientras que se disfrutaba de un buen vino o de un buen ron. Todo eso hasta que… ¡llegó el comandante y mandó parar! Ese era su recuerdo más claro, que había dejado de tener Libertad, y eso a pesar de que sólo vivió poco tiempo bajo la “tutela” de los que ella llamaba “los barbas”, la mayoría de las veces señalándose su propia barbilla sin mencionar sus nombres. Hace ya muchos años que Catalina murió, y a lo largo de los años que la tuve de vecina, nunca dejó de recordar a su preciosa Cuba, aunque cada vez hablase menos de ella.
Poco se podía ella imaginar, que su salida fue sólo el principio, que después de ella fueron saliendo muchos más En los setenta, en los ochenta, los noventa, y así hasta el siglo XXI, donde se puede decir que hay casi tantos cubanos dentro como fuera, y que todo sigue igual, no como ella lo dejó, ni como ella se encontró a aquel pueblito gaditano hace medio siglo, sino muchísimo peor. 
Aquí no se había construido nada aún, allí simplemente se dejó que se fuese pudriendo lo que el “imperialismo capitalista” había levantado, convirtiendo al país en un pueblo fantasma donde los muertos vivientes pululan por las calles sonriendo al mundo mientras que por dentro lloran pensando en que el mundo exterior los salvará del segundo “libertador” que se ha instalado en las suntuosas mansiones que quedaron en pie para el disfrute único y exclusivo de los “libertadores”. Nunca pudo imaginar George Orwell que su “Rebelión en la granja” se repetiría a miles de kilómetros de la Unión Soviética, pero esta vez de una forma mucho más cruel y más cerca de la realidad de lo que él había escrito en su libro.
¿Hasta donde pueden aguantar?
¿Creen que se puede bailar conga y sonreír bajo el agua?
Tampoco podíamos imaginarnos ni Catalina ni yo, que un día yo misma me iría a vivir a su añorado paraíso, y que podría conocer de primera mano y con mis propios ojos en lo que se había convertido aquel formidable vergel. Fue al principio de los noventa, durante el llamado “período especial”, del que viví cinco años completos. Por eso sé, que ahora, tras el paso del huracán Sandy, ese que ha dejado esas imágenes tan espectaculares de los daños en Nueva York bajo sus efectos, y que tiene al mundo fascinado por haberlo seguido en directo desde todas las esquinas del planeta, en Cuba las imágenes nos llegan de los propios cubanos, que las cuelgan  en internet cuando pueden, como estas dos que yo he recogido del FB, enseñando al mundo la desesperación de esta tierra, que no puede estar más maltratada, y a pesar de la crudeza de la situación, el des-gobierno castrista que los azota ya desde hace tanto tiempo, pretende hacer creer que en las zonas de mayor desastre, sus habitantes están bailando conga y con una sonrisa en los labios, como recoge el blog  Punt de Vista.  
A mí, sólo me queda decirles que, y a pesar de las dificultades, me enamoré del país, de su luz, de su color, de sus gentes, sus olores, su música, sus bailes, y sobre todo del estoicismo y la paciencia con el que sus habitantes viven el día a día, pero no puedo creer que en estas adversas circunstancias, nadie pueda bailar nada. Yo sí conocí la realidad de las dos Cubas, una para el exterior y otra para el cubano, realidad que espero poder contar algún día, pero mientras tanto, procuro informar a todo aquel que me encuentre y que me lee, de que las cosas no son como parecen, y algunas veces ¡ni siquiera parecen como son! 
¡Que la libertad del hombre, nunca sea arrebatada por los que mandan! ¡Viva Cuba Libre!




domingo, 28 de octubre de 2012

Desayuno de churros en un domingo otoñal

Churritos caseros recién hechos, desayuno de domingo
Este domingo ha amanecido con sol, nubes blancas y esponjosas se han ido reuniendo a lo largo del día por encima de las montañas, colinas y urbanizaciones que me rodean, hasta formar una piña compacta allá en el horizonte, sobre la gris plata del mar, donde se mezclan España y África.
No ha sido un día especialmente frío, pero sí se adivinaba de vez en cuando, entre las rachas de viento que de repente agitaban las altas copas de la araucaria que está frente a mi casa, y por el sonido de las hojas de la alta y frondosa palmera que está situada justo en la otra esquina de la terraza, donde estaba sentada mientras me tomaba mi primer café mañanero, que el aire sería más fresco a lo largo del día.
Siempre me tomo mi primer café sola en domingo, dejo que los dos ángeles de la guarda que me acompañan siempre, duerman a pierna suelta, ellos se levantan a diario al amanecer, y es el único día en el que se permiten unas verdaderas bacanales de sueño.
Hoy no quería empacharme una vez más de cifras mareantes de desastres financieros y bancarios, ni sentir tan de cerca el dolor y la desesperación de los inmigrantes que lograron salvarse del terrible suceso del fin de semana. Tampoco quería ver más caras de desolación de padres, madres, ancianos y niños ante la inminencia del desahucio.

Hoy no quería saber nada de eso, hoy quería alejarme un poco de tantas y tan malas noticias como nos han regalado a lo largo de toda la semana, así que ni he visto noticias en la tele, ni tampoco he sucumbido a la tentación de leer los periódicos en Internet, aunque no pude evitar el querer conocer que ha pasado con Sandy, ese terrible huracán que viene barriendo países y mares al otro lado del Atlántico, y que ha dejado sumido en la más terrible desolación a gran parte de Cuba y Haití.
Ahora lo esperan en Nueva York, con la diferencia de que allí, aparte de estar esperándolo, no habrá ninguna cortapisa para coordinar las ayudas del gobierno hacia el pueblo, mientras que allá en Cuba, la gente no sabe a quién esperar, ni qué esperar, Sandy se ha llevado lo poco que  tenían, ahora sólo les queda rezar para que al menos consigan algo de comida, medicina y cobijo, que les permita seguir manteniéndose con vida Dios sabe hasta cuando.
Las imágenes de destrucción en Santiago de Cuba y Holguín, no sé por qué me recordaron con macabra realidad a ese otro país Siria, donde la guerra ha destruido ya a muchas de las más bonitas y antiguas capitales y se ha llevado por delante también la vida de muchos inocentes.

Ha sido muy difícil conseguir abstraerme de la necesidad de estar informada, pero al final ha ganado el sentido común y el de la supervivencia, no se puede estar en constante estado de miedo y dolor por conocer las calamidades que azotan el mundo, hay que saber digerirlas también de una manera que no nos afecten directamente, y hay que saber cortar con el flujo de esa información de vez en cuando, para que al cuerpo y al alma le den  tiempo a recuperarse.
Sino fuese así, los problemas que nos acucian a todos en estos días, a unos más que otros, acabarían por derrotarnos, como hizo con esas personas que no pudieron aguantar más presión y decidieron acabar con su vida.

Así que, con el sentido más otoñal que existe, decidí alejarme de la pantalla del ordenador para un buen rato, y decidí ponerme a hacer churros, para darle una sorpresa a mi hija, que le encantan, y para entretener mi deseo de comer churritos del pueblo, que siempre me transportan a otras épocas de mi vida no tan complicadas como la de ahora.
La receta de los churros es bien simple, yo los hago a lo antiguo, con un vaso como medidor, y pongo uno de agua, uno de leche y uno de harina de fuerza, dos patatas crudas ralladas y dos cucharaditas de levadura royal, y sal. Se mezclan la harina, la sal, la patata y la levadura, se calientan el agua junto con la leche y cuando estén caliente se forma un volcán con la mezcla anterior y se echa en el centro y se amasa, hasta formar una pasta homogénea, no demasiado líquida, pero tampoco como para hacer un pan. Luego, se echa dentro de una manga pastelera con una boquilla estrellada, y sino hay, en una bolsa de plástico con un boquete en uno de los picos, y así se consigue una churrera bastante artesanal pero que funciona. Se calienta el aceite, y cuando esté empezando a echar humo se echa la masa formando una espiral, y… ¡tachán! unos buenísimos churritos caseros que nos hemos desayunado hoy los tres.
Ustedes dirán ¡qué complicado, con lo baratos que valen los churros! Creo que esta es la segunda o tercera vez que hago churros caseros en mi vida, claro que antes los hice porque donde yo vivía, allá en aquellos lugares tan remotos, no tenían ni idea de lo que eran los churros, y cuando me apretaba la nostalgia de mi pueblo marinero en la provincia de Cádiz,  me ponía a cocinar ruedas de churros en los que ponía leche de coco, lo que les daba un sabor bastante exótico, pero no demasiado alejado de mis papilas gustativas, y que compartía con aquellos nativos con los que convivía por aquel entonces y que disfrutaban tanto o más que yo de mis “shuritos” como ellos le decían, y cuya receta copiaron para sí .
Ahora no estoy en el Pacífico, pero realmente estoy tan alejada del mundo exterior como si lo estuviese. Vivo lejos del pueblo, sin ningún comercio a la redonda en varios kilómetros, yo no conduzco, y si marido está trabajando coche tampoco hay, y se usa lo imprescindible, la gasolina ya sabemos como está, así que no queda otra que inventar, para seguir disfrutando de un buen desayuno con churros en un domingo otoñal.  
Buen comienzo de semana, y ya saben, ¡recuerden ponerse los tacones para pisotear la tristeza!

viernes, 26 de octubre de 2012

Noticias que dejó la noche

Bahía de La Habana Acrílico sobre lienzo. Obra propia

Noticias que dejó la noche

Hoy, cuando amanezca la mañana del sábado, la vida volverá a sorprendernos una vez más, y lo hará mediante escandalosas portadas, y nunca mejor dicho, pues realmente escandalosa es la cantidad de parados que existen en España, ni más ni menos que un 25% de los trabajadores están en paro, o lo que es lo mismo, y más crudo, 5.778.100 personas no tienen trabajo.
Esta noticia ha sido contada hasta la saciedad en los telediarios de todas las cadenas del viernes, entre otras muchas, tan duras o más que estas, pero la madre naturaleza ha acaparado toda nuestra atención, no ha parado de llover, y son muchas las zonas de Andalucía que se han visto afectadas por las fuertes lluvias, quizás, debido a eso, el hecho de ver impresas en grandes letras negras en los titulares de periódicos como El País la enorme cifra impresiona y hasta asusta
Son muchos millones de almas, desesperadas muchas de ellas, jóvenes y mayores, que ven como su futuro es cada vez más incierto, son Andalucía, junto a Extremadura y Canarias los que se llevan la palma en cuanto a incidencia del paro entre su población, un 30%, el sur, como siempre, se lleva la mayor cantidad de todo, tenemos la mayor cantidad de sol, de alegría, pero también de hambre y de pobres.
Los inmigrantes subsaharianos saltando las vallas en Melilla, mientras la policía vigila, es la foto justo debajo, ocupando la portada, y nos recuerda que la desesperación de estas personas, también los lleva a tirarse al mar, y perecer si es preciso en su afán por salir de su miseria, como ha ocurrido también este viernes en Motril, cuando ha naufragado una patera con 71 personas, de los cuales solo han sobrevivido 18.
También nos cuentan que la “pobre” Bankia registra récords de pérdidas, nada más y nada menos que 7.053 millones de euros, ¡oiga! que son muchos millones, quizás por eso intentan sacarlos a base de desahuciar casas en plan salvaje, pero como hemos visto en las noticias, la gente se les queda encerrada dentro, y no tienen más remedio que claudicar, al menos esta vez el pobre vecino sabe que el lunes no tiene que irse a la calle.
Y como colofón, nos comunican que nada menos que en China,  la familia del primer ministro Wen Jiabao, han amasado una fortuna a base de una sórdida red de corrupción que va desde tráfico de influencias, abuso de poder y todas esas informaciones privilegiadas que tienen los que gobiernan, y que siempre terminan haciendo más ricos a sus familiares y amigos, aunque sean comunistas, y es tal el escándalo que las autoridades chinas, como era de esperar han usado su gran “cortafuegos virtual” y han bloqueado todas las noticias del diario New York Times en inglés y en chino en el país.
De otro país comunista nos llega la otra noticia de titulares, donde nos cuentan que en la página 10 publican el testamento político de un histórico cubano, Gutiérrez Menoyo, quien se despide del mundo a sus 77 años diciendo a sus compatriotas algo que  ya todo el mundo sabe, pero que nadie quiere aceptar, que “la revolución cubana no tiene sentido moral”.
No sé si sabrán que Menoyo era español, el gallego Menoyo le llamaban, aunque él nació en Madrid. Emigró a Cuba en 1945, y aunque fue uno de los tres extranjeros que luchó con Castro para derrocar a Batista, debido a los desacuerdos que tuvo con él, salió de Cuba en 1961, regresando tres años más tarde para derrocar esta vez a Castro.
Fue hecho prisionero y condenado a 30 años de cárcel, de los cuales sólo cumplió 22 años, en duras condiciones, lo que deterioró su salud y perdió un ojo, y fue gracias al gobierno de Felipe González, que en 1983 se logró su excarcelación, regresando a España y más tarde de vuelta a Miami, donde fundó el grupo político Cambio Cubano.
En esta etapa se encontró varias veces con Castro, pues viajaba a menudo a la isla, y en 2003 regresó definitivamente y destruyó su pasaporte para quedarse allí, aunque su decisión iba en contra de las leyes migratorias del país, que le permitió quedarse pero sin otorgarle nunca ningún documento de identidad.
Su hija dice que murió donde quería, pero los medios oficiales cubanos han ignorado la noticia de la muerte del comandante revolucionario que se atrevió a desafiar a Castro.
Ha muerto el viernes, mientras el huracán Sandy atravesaba Cuba en cinco horas, desde su costa sureste a noreste, el grado de destrucción en toda la provincia de Santiago de Cuba es inmenso, más de 4.00 derrumbes y casi treinta mil casas despojadas totalmente de su techumbre, sin contar las cifras de su capital, Santiago, cerca de donde el ojo tocó tierra y ha dejado once muertos. Es la provincia de Holguín, junto a la de Santiago de las más perjudicadas, con casi 18.000 viviendas afectadas total o parcialmente.
También las cosechas y los almacenes de alimentos han sido destruidos, daños en el sistema eléctrico y telefonía, lo que unido a la de por sí ya precaria situación del país, hace pensar que verdaderamente Cuba ha llegado a su fin.
Pero estas noticias quedarán todas eclipsadas por el único y gran titular, que barre nuestro país lo mismo que el terrible huracán, 5.778.100 personas no tienen donde trabajar, y pronto ni donde morar. ¿No les hace al menos pensar?
Buenas madrugadas y disfruten del sábado si les dejan. Elevation!