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jueves, 15 de noviembre de 2012

¡Ya a la venta la 2ª edición!

Portada de la 2ª edición de mi libro

¡Por fin llegó el día! Y es con mucha alegría y gran ilusión que les dejo aquí el enlace para los que quieran comprar mi libro o leerlo en e-book.
Aunque sea una 2ª edición, he incluido varios cuentos nuevos, y al mismo tiempo, he querido colaborar dentro de mis posibilidades con algunos de los proyectos que existen para ayudar a los más necesitados de nuestro planeta, así que con la compra de este libro quiero que sepa que está colaborando con Amnistía Internacional con la cantidad de 1€ para ayudar a esa niña llamada Malala, quién en Pakistan, desafió a los talibanes, que prohíben la asistencia de las niñas al colegio, y fue disparada en la cabeza cuando regresaba a su casa en un autobús escolar. Ahora se recupera en un hospital inglés de sus terribles heridas, pero no ha cejado en su empeño, y pronto hará que no sólo ella, sino todas las niñas que son discriminadas por su condición de género, puedan alcanzar su sueño de estudiar en un colegio a pesar de las prohibiciones.
Muchas gracias por leerme, y espero que disfruten de este libro, lo mismo que lo hice yo mientras estaba escribiéndolo, y espero que pronto podré obsequiarles con una nueva publicación.
Om Mani Padme Hum!



http://www.bubok.es/libros/218909/El-dia-que-murio-John-Lennon-De-relatos-cuentos-y-otras-leches-2-Edicion



jueves, 8 de noviembre de 2012

¡Despierta Cuba!

Cascadas del nicho, Sierra del Escambray, Cuba
Acrílico sobre lienzo. Obra propia

Martes, 19 de Febrero 2008.- “Fidel Castro renuncia a su puesto de comandante en jefe y presidente de Cuba. A sus 81 años, dice no estar preparado físicamente para afrontar las grandes responsabilidades y decisiones que se avecinan”.

El día que apareció esta noticia en todos los periódicos del mundo, se abrió una interrogante llena de misterios, misterios que por otra parte, no se han desvelado aún, más bien diría, que han alcanzado el concepto de uno de esos secretos que ni la misma iglesia ha sido capaz de desvelar.

Ya han pasado cuatro años y pico desde aquel anuncio, todo el mundo pensó que al fin, el comandante, había desistido de seguir jugando a ser Dios. Nada más lejos de la realidad, finalmente se convenció de que era un dios, y como tal ha seguido jugando con los designios de millones de cubanos que siguen desesperándose en sus calles y campos, maltrechos y heridos de muerte.

Han sido muchos y muy variados, el cúmulo de acontecimientos devenidos en el país y en el mundo desde aquel día, pero para él, todo parece seguir igual, anclado en sus recuerdos de aquel famoso octubre, y la crisis de los misiles, cuando el mundo temblaba bajo la amenaza de que su dedo apretase aquél fatídico botón rojo que acabaría no sólo con América, sino con el resto del planeta.
-“Nunca pediremos excusas a nadie por lo que hicimos”, afirma rotundo y testarudo desde su decrépita vejez, y probablemente desde el pantano en el que se ha convertido la ciénaga de su cerebro.

Aunque todos se empeñan en atribuirle una envidiable agilidad mental y física, difícilmente demostrable por mucho photoshop y artículos publicados en el Granma, no es muy seguro que haya estado al tanto de los aconteceres de la que un día fue una nación libre, que parece más determinada que nunca a sacudirse el yugo de la dictadura castrista de una vez para siempre.

Han sido muchas las vidas sacrificadas en aras de la libertad, por tanto tiempo exigida y necesitada. Se fueron Orlando Zapata Tamayo, Laura Pollán, Harold Cepero, Oswaldo Payá, y muchos otros que seguramente nunca sepamos, y otros, que estuvieron al borde de la misma muerte, como Marta Beatriz Roque o Guillermo Fariñas.
En estos mismos momentos, según informa un bloguero, las detenciones y arrestos arbitrarios a periodistas, disidentes y blogueros arrecian por minutos, aunque no haya nadie de la prensa internacional cubriendo la noticia.
La crítica y conocida bloguera cubana Yoani Sánchez también se encuentra retenida, así como el propio Fariñas, abogados, periodistas, ex presos políticos del grupo de los 75, y no se sabe cuantos más, en una ola de represión sin precedentes.

Quizás el huracán Sandy haya dejado algo más que destrucción a su paso por Cuba, y esta vez, la gente en verdad despierte de su letargo, ante la oleada de promesas vacías que le siguen llegando desde un gobierno que simplemente sigue disfrazando su ineptitud y su avaricia desde hace más de medio siglo. Parece que se acabaron las consignas, y ante la ola imparable de protestas que se cuelan por las redes, a través de las palabras siempre claras de esos blogueros que arriesgando sus propias vidas, luchan por hacer llegar su voz a cualquier rincón posible en el maltratado país y más allá de sus fronteras. De periodistas independientes, de disidentes que ganan premios internacionales a pesar de no poder salir a recogerlos, de abogados que informan de los derechos de todo cubano, y de un número cada vez mayor de voces desconocidas que saltan repentinamente a las pantallas de millones de ordenadores en todo el mundo a través de Youtube gritando su descontento. Quizás esta vez el miedo les haya hecho saltar, y a pesar de querer vender al mundo una vez más, esa interminable letanía de que el enemigo imperialista está detrás de todo aquel que protesta en el país, ya ellos saben que su final se acerca, y de alguna manera u otra, Cuba volverá a resurgir de sus cenizas.
Como dijo la propia Yoani Sánchez: “En las dictaduras, una vez que uno empieza a llamarlas por su nombre, es como si comenzara a destruirlas”.

miércoles, 31 de octubre de 2012

El primer cubano que conocí


Destrucción en Santiago de Cuba,
Sandy también pasó por aquí, ¡no lo olviden! 
El primer cubano que conocí, en este caso cubana, fue cuando yo era muy chiquita, ya que nací en el mismo año que la “robolución” en Cuba. Creo que era alrededor de los sesenta, cuando Catalina “la habana”, como la conocímos muchos,  llegó a vivir a mi pueblo, Barbate.
De vivos ojos azules, era una señora alta y delgada como un junco, y extrañamente elegante, a pesar de vivir en una caseta de tablas, como casi todos los que vivíamos en aquella calle de mi pueblo de Cádiz hace ya más de medio siglo.
En mi memoria aún se guardan los aromas de su cocina en los días especiales, arroz con frijoles y carne de puerco asada, y sobre todo las historias que nos contaba a los niños que jugábamos alrededor de su casa con los nietos que le fueron llegando.
Nos hablaba de un maravilloso país donde siempre hacía calor, de una tierra fértil donde se cultivaba de todo, de los casinos, salones de baile, heladerías, tiendas de ropa con nombres como “El Encanto”, grandes coches que circulaban por amplias avenidas iluminadas como el día, cines, teatros, televisión y cadenas de radios, y no sé cuantas cosas más. Su marido, un hombre serio y taciturno llamado Lázaro, apenas esbozaba unas tristes sonrisas cuando ella le recordaba alguna anécdota de las vividas en común. Apenas le recuerdo, pues murió pronto, creo que de pena, por haber dejado aquel maravilloso lugar tan lleno de vida y de color.
Para los españoles de aquel entonces era muy difícil imaginarse un lugar así, España era un país más bien triste y gris, donde ya campaba desde hacía unos cuantos años un señor que no le andaba a la zaga al que supuestamente entró para liberar al pueblo cubano, como se ha demostrado a lo largo de la historia, y cuando le preguntaban que por qué había dejado aquel fantástico paraíso para venirse a vivir a nuestro anodino pueblo, nos decía que aquí, al menos, podía salir a la calle sin tener que estar constantemente viendo vallas que le recordase que había alguien que les vigilaba todo el tiempo, ni gente barbuda que la arengaba a luchar en nombre de una libertad que ella ya había disfrutado y que poco a poco iba desapareciendo.

Ella no entendía de política, solamente sabía que antes podía ir a cualquier lugar a divertirse y a comprar, a reunirse con los amigos en cualquier casa y formar un “guateque”, donde se bailaba y se cantaban canciones mientras que se disfrutaba de un buen vino o de un buen ron. Todo eso hasta que… ¡llegó el comandante y mandó parar! Ese era su recuerdo más claro, que había dejado de tener Libertad, y eso a pesar de que sólo vivió poco tiempo bajo la “tutela” de los que ella llamaba “los barbas”, la mayoría de las veces señalándose su propia barbilla sin mencionar sus nombres. Hace ya muchos años que Catalina murió, y a lo largo de los años que la tuve de vecina, nunca dejó de recordar a su preciosa Cuba, aunque cada vez hablase menos de ella.
Poco se podía ella imaginar, que su salida fue sólo el principio, que después de ella fueron saliendo muchos más En los setenta, en los ochenta, los noventa, y así hasta el siglo XXI, donde se puede decir que hay casi tantos cubanos dentro como fuera, y que todo sigue igual, no como ella lo dejó, ni como ella se encontró a aquel pueblito gaditano hace medio siglo, sino muchísimo peor. 
Aquí no se había construido nada aún, allí simplemente se dejó que se fuese pudriendo lo que el “imperialismo capitalista” había levantado, convirtiendo al país en un pueblo fantasma donde los muertos vivientes pululan por las calles sonriendo al mundo mientras que por dentro lloran pensando en que el mundo exterior los salvará del segundo “libertador” que se ha instalado en las suntuosas mansiones que quedaron en pie para el disfrute único y exclusivo de los “libertadores”. Nunca pudo imaginar George Orwell que su “Rebelión en la granja” se repetiría a miles de kilómetros de la Unión Soviética, pero esta vez de una forma mucho más cruel y más cerca de la realidad de lo que él había escrito en su libro.
¿Hasta donde pueden aguantar?
¿Creen que se puede bailar conga y sonreír bajo el agua?
Tampoco podíamos imaginarnos ni Catalina ni yo, que un día yo misma me iría a vivir a su añorado paraíso, y que podría conocer de primera mano y con mis propios ojos en lo que se había convertido aquel formidable vergel. Fue al principio de los noventa, durante el llamado “período especial”, del que viví cinco años completos. Por eso sé, que ahora, tras el paso del huracán Sandy, ese que ha dejado esas imágenes tan espectaculares de los daños en Nueva York bajo sus efectos, y que tiene al mundo fascinado por haberlo seguido en directo desde todas las esquinas del planeta, en Cuba las imágenes nos llegan de los propios cubanos, que las cuelgan  en internet cuando pueden, como estas dos que yo he recogido del FB, enseñando al mundo la desesperación de esta tierra, que no puede estar más maltratada, y a pesar de la crudeza de la situación, el des-gobierno castrista que los azota ya desde hace tanto tiempo, pretende hacer creer que en las zonas de mayor desastre, sus habitantes están bailando conga y con una sonrisa en los labios, como recoge el blog  Punt de Vista.  
A mí, sólo me queda decirles que, y a pesar de las dificultades, me enamoré del país, de su luz, de su color, de sus gentes, sus olores, su música, sus bailes, y sobre todo del estoicismo y la paciencia con el que sus habitantes viven el día a día, pero no puedo creer que en estas adversas circunstancias, nadie pueda bailar nada. Yo sí conocí la realidad de las dos Cubas, una para el exterior y otra para el cubano, realidad que espero poder contar algún día, pero mientras tanto, procuro informar a todo aquel que me encuentre y que me lee, de que las cosas no son como parecen, y algunas veces ¡ni siquiera parecen como son! 
¡Que la libertad del hombre, nunca sea arrebatada por los que mandan! ¡Viva Cuba Libre!