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lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Adiós 2012 y Bienvenido 2013!

Por fin llegó el 31 de diciembre! Nunca en mi vida he estado tan deseosa de ver acabar un año. Un año que nos ha traído un sinfín de historias malas, por todo el ancho y vasto mundo, pero al que tenemos que mirar como un año más de enriquecimiento espiritual para todos nosotros. Tenemos que pensar en lo bueno que nos ha dejado también, que de seguro algo habrá, sino para nosotros en concreto, al menos para alguien a quien queramos o estimemos.
Son muchas las cosas que se podrían decir de este año que nos deja, pero las horas apremian, y las palabras solo servirán para traer a la memoria quizás algunos recuerdos que hayamos enterrado ya en lo más profundo de nuestras mentes, por eso quiero pensar solamente en este nuevo año que comenzará en unas horas, que como alguien dijo, nos traerá de nuevo 365 oportunidades de ser felices, o al menos de intentarlo, recordando siempre que ser feliz es cuestión de actitud, no tanto como disfrutar de posesiones materiales, que al fin y al cabo, serán siempre sólo eso, cosas que se compran, se usan, y se dejan, sin más importancia, lo otro, es lo que perdurará siempre. 
Un abrazo a un amigo, las palabras musitadas al oído de las personas amadas, las risas compartidas de los niños, los paseos bajo la luna, los chapoteos entre las olas en el verano, las visitas inesperadas de viejos amigos, los besos robados de la adolescencia, el milagro del nacimiento de nuestros hijos, las flores que nos saludan en el campo cada primavera, la nieve de las montañas en el invierno, las hojas amarillentas que alfombran los parques en otoño, y todo un mundo de sensaciones que a veces tendemos a olvidar, eso es lo que verdaderamente importa.
Así que bajo el espeso manto del olvido guardaré todas las malas experiencias y vivencias de este año, que quedarán por siempre relegadas a su verdadero lugar, que no es otro que el pasado, y alzaré mi copa este año,  justo a las doce de la noche, y brindaré con, y por todo el mundo, para que en este nuevo año que comienza, la luz de la claridad del nuevo ciclo, vuelva a llenar de esperanza e ilusión toda nuestra vida, y que nuestra lucha sea al final recompensada. 
Que este año sea el final de la crisis, de las guerras, del desamor, de los olvidos, de los odios, y sobre todo de la desesperanza, y ¡ojalá que todos podamos seguir pisoteando las tristezas con nuestros zapatos de tacón!
Un brindis de Amor y Esperanza para el mundo entero!
Om Mani PAdme Hum!


jueves, 20 de diciembre de 2012

El regreso


El rincón donde nací, Barbate. Obra propia
- ¡No me creo que llames desde El Bonillo!...

Esas fueron tus primeras palabras, como si no me conocieras. Pero al fin y al cabo eso era lo que se esperaba de mí. Todo había sido muy extraño, tenía una familia totalmente normal y una vida realmente anodina, y de repente, hace un año, a la muerte de los que creía mis padres, descubro que no sé quien soy.

Esa familia no era la mía, fui adoptada nada más nacer, y nunca tuve ningún hermano. El desconocimiento total de la noticia hasta ahora, que ya había rebasado cinco décadas de una vida, un marido, cinco hijos y tres nietos, me impactó, pero aún más increíble era el hecho de que mi verdadera madre, la biológica, la que nunca conocí ni veré jamás, también fue recogida en adopción.

Supe de ella que era manchega, de la provincia de Albacete, donde estaba enterrada, con el mismo nombre de María, y los apellidos de los que la adoptaron, que le habían prestado su vida. Sus padres, o sea mis verdaderos abuelos, no constaban en los registros de su partida de nacimiento, tan sólo la madre, cuyo nombre, incidentalmente también era María. 
Había sido  relativamente fácil dar con el lugar y el principio de todo, y ya en el pueblo supe de la increíble historia. No era tan solo mi madre la que había sido adoptada, sino también mi abuela, que asimismo fue concebida de madre soltera, y de la que no constaban datos de más familia tampoco.

Así, mi dinastía de antepasados hasta donde podía imaginar, estaba formada por una lista de cuatro generaciones de mujeres llamadas María, todas ellas sin más hijos y sin marido, sin hermanos, ni más familiares, donde coincidían conmigo misma, nacidas en un pequeño pueblo como este, con un nombre que evoca secretos y misterios desde el nacer de los tiempos, Sotuélamos, el pueblo fantasma.

Hoy he paseado por sus vacías calles, y he imaginado entre sus ruinas la algarabía de la vida que un día habitó entre los abandonados hogares de paredes rotas. He querido adivinar de entre cual de aquellos muros nació la primera mujer que era un eslabón de mi cadena. Me hubiera gustado decirle que al fin, aquella pequeña semilla que alumbró un día, había conseguido una familia, y que nunca más aquella semilla seguiría sola.

- ¡Sí, María, te llamo desde el Bonillo! avisa a tus hermanos, papá está aquí conmigo, os esperamos para este fin de semana, iremos a visitar el cementerio.


@Copyright Lola Orcha Soler
2010

domingo, 16 de diciembre de 2012

Domingo de incertidumbres



Domingo, 16 de diciembre, podría ser cualquier otra fecha, pero no, hoy hace 10 años que el cementerio de mi pueblo recogió el cuerpo de mi madre, en un nicho donde ya llevaba el cuerpo de mi progenitor diez años de enterrado, y digo que recogió el cuerpo, porque estoy segura de que su espíritu voló hacia otras lejanas tierras en el momento en el que abandonó su envoltura material, y eso me hace feliz pensarlo, aunque sé que a pesar de todo ella hubiese estado contenta de saber que el cuerpo del que fue su marido estaría bajo sus pies toda la eternidad, ¡irónico momento!.
No dejaría de ser otro 16 de diciembre más, de los diez que han pasado, sino fuese porque mañana, día diecisiete, por fin voy a ver a mi oncólogo, la segunda visita de revisión, y aunque, la verdad sea dicha, siento que voy a estar bien, no puedo dejar de tener un viso de preocupación, que no ha conseguido disminuir mi entusiasmo en este último fin de semana, donde me siento  y sé que estoy completamente sana como una pera, ni siquiera las terribles noticias acaecidas en estos últimos días en el mundo han conseguido bajarme el ánimo, aún sintiéndome extrañamente egoísta por ello.
Realmente el tiempo se ha comportado, mucho frío, muchas nubes amenazadoras, pero no ha derramado ni una gota de la lluvia que parecía que iba a descargar con toda su fuerza, dándonos la oportunidad, a mí y a mi pequeña familia, y a algunos otros valientes que nos encontramos ayer, de disfrutar de un bonito paseo, mecidos por el inconmensurable rugido de las olas del mar al chocar contra la ahora desierta y vapuleada playa que tanto disfrutamos durante el verano.
Millones de piedras grises, blancas, negras, pequeñas, grandes, atrapadas muchas de ellas entre la debris arrojada por el mar en los pocos temporales que llevamos en este otoño, porque todavía no ha comenzado el invierno; troncos retorcidos y secos, algunos palos medio quemados, restos de hogueras apresuradas, de buen seguro hechas por los pocos pescadores que se podían ver regados a todo lo largo de la enorme playa. Mientras, las gaviotas continuaban jugando con las ahora grises y espumosas olas, o paseaban sorprendidas por la escarpada orilla, regada de toda suerte de objetos inexistentes en el verano.

Mi perra, Carlota, a pesar del frío, corría de un lado a otro intentando atrapar olas con la boca, como en el verano, pero al estar más cerca de la arena que del agua, y algo más torpe que entonces, no fueron pocas las veces que terminó con el hocico lleno de arena. Disfrutaba del largo paseo encantada, corriendo hacia un atardecer que se divisaba hacia la parte de Estepona en todo su esplendor. Destellos cegadores de sol con jirones de colores malvas y rojos, que se escapaban por debajo de las oscuras nubes grises que seguían amenazantes, pero que apenas dejaron escapar algunas tímidas gotas que ni siquiera mojaban la cara.
Al regreso, y casi en la misma playa, entramos a visitar a nuestros amigos que tienen el privilegio de vivir muy cerca del mar, después de un reconfortante té, volvimos a dejar a Carlota en la casa, y luego fuimos a recoger a nuestra niña, que llevaba toda la tarde en casa de su amiga, haciendo un trabajo con otras compañeras. En la casa de estos amigos, Mercedes y Enrique, me comí un trozo de bizcocho como hace mucho tiempo que no me comía, (sin que estuviese hecho por mí me refiero), aparte de probar mis dos primeros polvorones de navidad, que el año pasado no pude comer porque me era imposible tragármelos, recién terminada la “sufrina”, como llamaba yo a la quimioterapia, así que este año pienso saborearlos como nunca.
Al regreso, y después de un par de horas de espera, hemos disfrutado de una cena totalmente exótica, arroz basmati con langostinos a la salsa de curry, con una ensalada de cilantro y tomates picados, preparada obviamente por mi estupendo chef particular, que no es otro que mi querido marido, que se había afanado en la cocina mientras yo me sumergía en uno de los capítulos de mi próxima novela, y que regamos con una copa de un rioja normalito, pero riquísimo, del que hemos disfrutado los dos.
Ha sido mi deseo, un sábado como si estuviésemos cenando fuera, con un sentimiento placentero y de plenitud, lo que me ha deparado de una buena noche de descanso, hasta esta mañana, en el que el día me ha vuelto a saludar de nuevo con un sol más brillante que el de ayer, que nos ha llevado hasta el cercano pueblo de Estepona, donde hemos caminado por sus empinadas y empedradas calles, hasta encontrar la plaza del reloj, donde estaba el mercadillo solidario de las Ampas, y en la que no estaba la que íbamos buscando, que no era otra que la del instituto donde estudia mi hija, aunque sí pudimos compartir una agradable charla con el director, que sí se encontraba.  Realmente no nos importó al final, pues a la vuelta, y justo en la esquina de donde estábamos, nos topamos con el Belén Municipal, que era absolutamente asombroso. Ocupando el patio interior de la delegación de participación ciudadana, en un despliegue de imaginación y horas de trabajo, han montado toda la historia del nacimiento, y se ve desde Belén, hasta Jerusalén, Nazaret, los romanos, pastores, carpinteros, hombres vareando olivos, mujeres lavando la colada en ríos y cascadas, que llevan agua tan real como si fuese el mismísimo lugar donde Cristo vino a nacer. Reyes magos, ángeles,  mulas y bueyes, cerdos, pollos, hasta pavos, que realmente no deberían de estar, ya que los descubrió Colón cuando fue a buscar su India particular y se topó con América en vez, este detalle que quizás en otra época de mi vida ni siquiera habría notado, hoy me ha llenado de orgullo explicárselo a mi hija, y me he sentido muy, pero que muy feliz.
He seguido disfrutando del domingo ya en la casa, donde disfruté también del atardecer desde la terraza de arriba, luego, escribiendo mientras escuchaba música en mi cadena de radio favorita, mepocamusic-online, y saludando de vez en cuando, en cortos chateos, a mis queridos amigos feisbuqueros, que siempre se preocupan y me preguntan por mis proyectos y resultados, y ahora, al filo ya de la media noche, creo que ya es hora de recoger velas y retirarme a meditar antes de dormir, a poner en orden todas las emociones de estos últimos días, y sobre todo, a llenarme de energía renovadora, que hará que mañana por la tarde, cuando me siente frente a mi doctor, esté totalmente relajada y segura de que todo está como tiene que estar, y que nunca más voy a volver a sufrir lo mismo otra vez.
Con ese convencimiento y este precioso mantra de sanación te dejo Mundo, aunque no se te olvide que también estaré siempre preparada para cualquier circunstancia, recuerda que todo es una cuestión de actitud, y que yo me pongo los tacones y ¡salgo a pisotear la tristeza!
Buenas noches querido planeta mío!
Tayata Om Muni Muni Maha Munaye Soha!
 Elevation!

martes, 4 de diciembre de 2012

Aligerando el peso de la vida!

Belén y árbol de hace dos años

Hoy, 4 de diciembre, mientras que mi marido se ha despertado a su cuarenta y ocho vigésimo aniversario de nacimiento, una servidora amaneció más o menos como se acostó, o sea preocupada. A las nueve de la mañana me han hecho la segunda mamografía de mi vida, una extraña sensación me envolvió cuando llegué a los pies de la enorme mole que es el hospital, en todo su contexto, por grande, por cemento y por la cantidad de gente que pululan en su interior y alrededores.
Menos mal que hoy también amaneció soleado, de hecho una mañana preciosa, porque si al enorme frío que hace le añaden lluvia o nublado, de seguro que mi ánimo hubiese bajado unos grados más.
Muy diferente visitar el hospital en diciembre a junio, cuando fue mi última visita, los cuerpos ateridos de frío de los transeúntes y visitantes se abrazan asimismos, y al mismo tiempo ponen una muralla entre ellos y el resto de los problemas de los demás, nada del sentido amigable de verano donde todo el mundo sonríe y saluda por el simple hecho de que hace sol y calor, ahora no.
Yo lo he notado especialmente, ya que dada mi extrovertida personalidad, y la táctica que uso para alejar de mí las preocupaciones, que no es otra que hablar por los codos, contar chistes, y todo lo imaginable, como por ejemplo, hoy decidí llevar mi libro conmigo, son muchas las amistades conocidas entre sus muros, y sabía que muchos se alegrarían de saber que ando tan atareada e ilusionada, pero a algunos pacientes que andaban por allí esperando no les hizo mucha gracia mi exaltación de felicidad, especialmente por ser tan temprano, y por el lugar donde me encontraba.
Lo notaba por la seriedad de sus rostros, en su ceño fruncido, mientras yo hablaba con las recepcionistas y enfermeras del mostrador en un pequeño paréntesis en el que no había nadie preguntando o rellenando papeles o mirando su cita, o sea, que no estaba interrumpiendo nada ni a nadie, ellos simplemente tenían que esperar, lo mismo que yo, a que les llegara el turno de entrar a enfrentarse a las frías máquinas que esperan agazapadas en los fríos cubículos donde las radiaciones campan a sus anchas.
Pero de repente todo cambió, bastó una simple sonrisa y una pregunta, me acerqué a un par de chicas que esperaban todas serias y con cara de pocos amigos, las noté muy desesperadas, o sea, hartas de esperar más bien.

-¿Es vuestra primera vez? - Asintieron con la cabeza, casi a punto de las lágrimas, y enseguida les contesté - ¡no te preocupes mujer, ya las mamografías son muy rutinarias, apenas duelen, y seguro que no encuentran nada, que es lo normal!
-Pero…¿y si encuentran? –
- ¡Pues nada hija, si lo encuentran, te preparas, luchas, te operas y continua viviendo, justamente como he hecho yo y millones como yo, pero hasta que no lo encuentren para que vas a preocuparte!

En ese mismo instante algo en mí cambió, al recomendar a aquellas asustadas desconocidas que parasen su preocupación por algo que no había sucedido aún, lo cual es mi máxima absoluta, dejé de estar preocupada yo.
Cuando entré a mi habitáculo miré a las máquinas de otra manera, ya no me parecieron tan inhóspitas, e incluso me acordé de pedirle a la técnica que tan amable y amorosamente me trató, el desconocido guarda-tiroides.
Se sorprendió de que lo pidiera, de hecho me dijo que a ella nunca se lo había pedido nadie, me señaló un papel en la pared donde hablaba de la necesidad o no de utilizarlo, según un estamento de los USA, donde concretamente dicen que son muy pequeñas las cantidades de radiación como para preocuparse en demasía, y que lo dejaba al gusto del consumidor más o menos. Le insistí, y hoy me hicieron la mamo con una especie de babero muy sicodélico, por el estampado, rodeando mi garganta, entorpecía un poco la maniobra, pero lo subsané recogiéndolo un poco hacia dentro.
Cuando he terminado, después de mirar las profundidades de mis dos pechos en la tétrica pantalla del ordenador, donde esas rayas blancas se confunden entre oscuras lagunas de una masa mamaria que yo adivino completamente sana y recuperada, y varias rayas más profundas que no son otra cosa que los clips de mi intervención quirúrgica, que me acompañaran para toda mi vida, le pregunté si se veía algo raro, me dijo que si quería esperar, el radiólogo me lo podría decir.
Salí con toda la intención de esperar, pero de repente me dí cuenta de que no hay porque acelerar las cosas, todavía tenía que hacerme la ecografía, que me toca mañana, luego otro análisis más el día diez, y hasta el 17 no tengo que ver a mi oncólogo, o sea que tiempo hay de enterarse de las cosas, así que decidí salir de allí con la sensación tan buena de salud y felicidad que tengo, el día sigue siendo precioso, a pesar del viento frío que azota la cara, y he disfrutado del corto paseo, que hoy hicimos más largo, pues hemos ido a la leñera, a comprar leña para la chimenea.
Yo nunca había ido, es un lugar precioso, en los alrededores de San Pedro, y lo que me ha impactado ha sido la cantidad inmensa de leña de todos tipos que hay, y la enormidad de algunos troncos, que esparcidos por el lugar, siguen dando fe, aún en su final, de cuan majestuosos fueron un día cuando sus copas coronaban los bosques. Ni tan siquiera enseñando sus desnudos cuerpos daban sensación de fragilidad, y me los imaginé cual molinos de viento, enfrentándose con todas sus ramas y todo su follaje a los aguerridos leñadores que de buen seguro sufrirían lo suyo para abatir a aquellos gigantes del bosque.
Mientras yo me transportaba hacia avezadas y fantásticas batallas, el caballero del caballo de hierro, cargaba nuestro vehículo con trozos retorcidos de chaparro y olivo, que tendrán que abastecer de calor nuestro hogar durante todo este mes de navidad, que este año habrá que celebrarla con más esfuerzo, no sólo por nosotros, sino por casi todos los habitantes de esta enorme piel de toro que es nuestra amada tierra española.
Y en esto andaba yo cuando de repente recordé algo, que este año los belenes nos saldrán más baratos, de momento, y según dice su santidad el papa, ni mulos ni bueyes, en el portal no había nadie, sólo María y José, y el pobre niño Jesús arreciito de frío, sin aliento de animales que lo calentaran, y este año, además, nada de que los reyes magos venían de oriente cargaditos de regalos, ¡que va! 
De aquí al lado, en la misma Andalucía, quizás un gaditano, desde Barbate, con pestiños navideños rebozados de miel y fritos con matalauva, un sevillano, con su cajita de polvorones de la Estepa, y acompañados de un malagueño, con sus roscos de vino dulce de Málaga.
Todos ellos, y a pesar de la crisis, seguro que encuentran la manera de agasajar al niño, porque a pesar de todo, dentro de los corazones de los andaluces, de los gallegos, catalanes, madrileños, canarios, extremeños, maños, y de todos los que hoy se sientan españoles, muy, muy en el fondo, duermen agazapados millones de sueños que todos hemos tenido durante nuestra infancia y la adolescencia, sueños que todavía hacen brillar esa pequeña luz de esperanza, de que el próximo año todo será mejor, y por mucho que diga el papa, en nuestra casa no faltarán ni la mula ni el buey, ni los tres camellos que transportarán a sus majestades desde las áridas tierras de Oriente siguiendo la estrella de la buenaventura.
¡Feliz Navidad!

viernes, 30 de noviembre de 2012

Tinta fresca

Esta tarde con mi libro

Hoy, el último día del penúltimo mes del año, quiero compartir unas cuantas alegrías con todos ustedes. Esta mañana, cuando me levanté, no pintaba nada halagüeño, noticia catastrófica donde las haya para mi casa, a mi marido no le queda nada de paro, no llega al año trabajado, así que o encuentra algo pronto o la ayuda, si se la dan, se llevará por delante los meses que lleva acumulado de trabajo que son sólo seis, y que conste que no hemos cobrado mucho paro en nuestra larga vida laboral, pero así es la vida.
Luego, una carta en el correo me comunica que, al menos así lo entiendo yo, que la pensión de 384€ que me ha quedado está indebidamente ingresada y que tengo que devolver casi el pico completo, o sea los ochenta y cuatro euros, como ya le había enviado los 300 a una muy buena amiga que me los había prestado cuando más falta me hacía, eso significaba que empiezo el mes de navidad más o menos como el año pasado, totalmente arruinada, pero esta vez hay una diferencia, no estoy pasando por un tratamiento tan duro como fue el de la quimio del año pasado, ni tengo prevista más sesiones de radioterapia, ni estoy calva, descejada, despestañada, ni hinchada, así que como siempre digo que todo es una cuestión de actitud, decidí continuar mi día como si me hubiese pasado todo lo contrario.
De todas formas, ya llevábamos desde el miércoles un poco moscas con el resultado de mi último análisis, según el cual no tengo cáncer, pero por lo visto los riñones me han dejado de funcionar, y eso sí es más raro aún, pues algún síntoma de algo tendría que tener, y la verdad, mis queridos amigos, no puedo encontrarme mejor en cuanto a salud se refiere, lógicamente preocupada ante las próximas pruebas, pero totalmente segura de que voy superando mi enfermedad y que así será en el futuro, cuando la haya dejado totalmente atrás. Pero claro, eso es lo que pienso yo, mi marido está muchísimo más preocupado, ¡pobre mío! recuerda los malos momentos vividos, la incertidumbre, el miedo, el no saber por donde coger, y claro, le afecta mucho a su sistema inmunológico, y enseguida se pone malo.
Siempre intento distraerlo con cosas para sacarlo de sus bolsas de preocupación intensa, y hoy, como andamos con la preparación de mi próximo libro, que será un trabajo conjunto y de cocina, con unas sabrosas y suculentas recetas ideadas, escritas, y cocinadas por él, y una introducción relatada de su muy interesante vida entre fogones escrita por mí, amén de un prólogo que esperamos escriba alguien muy admirado y querido por mucha gente, periodista gastronómico, muy bueno, y al que espero contactar esta semana próxima, le sugerí que cocinara otra receta más, para hacerle las fotos pertinentes, y así aprovechábamos y sería el almuerzo de la niña, que llegó a las tres de la tarde, como cada día.
Nos regaló la receta nº 1, ensalada templada de fideos chinos con atún fresco y sésamo, absolutamente bestial, deliciosa, una explosión de sabores en el paladar, y como lleva el sésamo, en semillas y aceite, pues eso nos animó mucho, y decidimos salir a darnos nuestro paseíto diario por el campo.
Hoy no fue muy largo, y menos mal, porque justo cuando llegábamos a casa me llamaron de una mensajería que me traían un paquete.
¡Que bonita sorpresa! La segunda edición de mi libro, mi primera copia en papel, ha llegado a mis manos.
Que buena la sensación de volver a ver algo que has parido durante tanto tiempo de nuevo en el mundo. Es precioso, y el olor de la tinta fresca que sale de entre sus páginas me conmueve y me llena de orgullo una vez más, así que doble dicha, una nueva receta hecha y mi trabajo ya la venta, y decidí que me iba al pueblo, o sea, a San Pedro, a celebrarlo con los buenos amigos que ya me tenían pedido una copia. Han sido cinco libros los que he vendido esta tarde, y con los otros pocos que se han vendido por la web, ya tenemos dinero para la semana que viene, me he sentido totalmente segura de que también voy a salir de este bache otra vez, y sobre todo, me he sentido inmensamente feliz, porque he vuelto a compartir mi alegría con amigos a los que quiero mucho y a los que hacía tiempo que no veía, y que también están pasando momento duros con la salud, y que ahora, estoy segura de que también van a superarlo, lo mismo que yo.
Luego, en la puerta, nos hemos contado algunos chistes, bastantes, y nada mejor que unas risas en buena compañía para celebrar una vez más y proclamar a los cuatro vientos que la 2ª edición de mi libro ya está a la venta.
Hemos llegado a casa como acaban los buenos cuentos, ¡contentos y felices y soñando con perdices!  Muchas gracias queridos Rafi, Pepe, Antonio, Alex, Ana, Sara, Jose, Laura, y a todos los que he saludado esta tarde.
Buenas noches queridos lectores, y recuerden siempre que en la vida todo es cuestión de actitud, y nada mejor que ponerse los zapatos de tacones y ¡salir a pisotear la tristeza! Om Mani Padme Hum! Elevation!

jueves, 29 de noviembre de 2012

Escondida en la relajación

Barranco Blanco. Coin. Acrílico sobre saco.
Obra propia


Ya son muchos días en los que no he subido nada a mi querido blog, pero es que mi vida anda un poco revuelta y con mucha incertidumbre. Estoy en esa época del año en la que debo ir a pasar mi revisión de los seis meses, en lo que yo llamo mi ITV particular, que concluirá el próximo 17 de diciembre, y la verdad es que esta espera en los meses oscuros del otoño, no es tan fácil como lo fue en junio, cuando el sol brillaba a diario y mi playa me esperaba para acunarme entre sus olas y acariciarme en la arena. Ahora hace frío, y mi situación anímica se aplana un poco debido a las consabidas circunstancias económicas y laborales que afectan mi vida, como a la de muchos españoles, pero aún así, he decidido que esta vez será diferente. Para empezar, hace ya once días que dejé de fumar, y hace once días también, que empecé a caminar por el campo con mi perra Carlota, mi marido y mi niña. He descubierto los paseos por los campos de nuevo; ese aire fresco y cortante que te insensibiliza un poco las mejillas y la nariz mientras que caminas entre riscos y plantas silvestres, los sonidos calmantes de riachuelos que aparecen y se esconden de repente por en medio del camino, saludos de muchos vecinos y extranjeros residentes en la zona, jóvenes y mayores, con niños y con perros a su vez, que disfrutan de lo que para ellos es el clima ideal, porque realmente, exceptuando los días de lluvia, y aún así, es un privilegio el tiempo invernal que nos acompaña siempre por aquí.
Todo esto hace que la espera y la ansiedad de haber dejado el vicio del tabaco por fin, me cueste menos trabajo, especialmente cuando me ayudo para contrarrestar esos efectos de unos saludables ejercicios de relajación y meditación. En eso he andado todos estos días, amén de haber publicado por fin la segunda edición de mi libro, y haber avanzado bastante para la publicación de otro libro más muy pronto, esta vez de cocina, recetas de mi querido marido, quien anda cocinando a diario exóticos y sencillos platos, que a su vez mi hija y yo degustamos con mucha alegría después de haberles hecho las consabidas fotos, que ilustraran nuestro próximo trabajo juntos. Es un proyecto largamente acariciado, y en el que llevamos mucho tiempo, y que por fin, pronto se hará realidad.
Así que les dejo con esta pequeña reflexión informativa como entrada, y prometo subir varios post seguidos, en los que les contaré del método que he utilizado para dejar de fumar, de los beneficios de la relajación y la meditación, y sobre todo, de lo bueno que es contar con amigos que siguen acordándose de ti, que se preocupan a pesar de las distancias, y muy importante, lo increíblemente maravilloso  e importante que es refugiarse en la familia, que es la que verdaderamente te da la alegría y la fuerza para soportar cual vicisitud o adversidad que se presente en la vida. Gracias a mi hija, a mi marido, a mis muchos primos /as, y por supuesto mil gracias también para todos mis amigos feisbuqueros que siguen alegrándome siempre los días con sus historias, sus fotos y sus alegrías.
Om Mani Padme Hum! Elevation amigos!

jueves, 15 de noviembre de 2012

¡Ya a la venta la 2ª edición!

Portada de la 2ª edición de mi libro

¡Por fin llegó el día! Y es con mucha alegría y gran ilusión que les dejo aquí el enlace para los que quieran comprar mi libro o leerlo en e-book.
Aunque sea una 2ª edición, he incluido varios cuentos nuevos, y al mismo tiempo, he querido colaborar dentro de mis posibilidades con algunos de los proyectos que existen para ayudar a los más necesitados de nuestro planeta, así que con la compra de este libro quiero que sepa que está colaborando con Amnistía Internacional con la cantidad de 1€ para ayudar a esa niña llamada Malala, quién en Pakistan, desafió a los talibanes, que prohíben la asistencia de las niñas al colegio, y fue disparada en la cabeza cuando regresaba a su casa en un autobús escolar. Ahora se recupera en un hospital inglés de sus terribles heridas, pero no ha cejado en su empeño, y pronto hará que no sólo ella, sino todas las niñas que son discriminadas por su condición de género, puedan alcanzar su sueño de estudiar en un colegio a pesar de las prohibiciones.
Muchas gracias por leerme, y espero que disfruten de este libro, lo mismo que lo hice yo mientras estaba escribiéndolo, y espero que pronto podré obsequiarles con una nueva publicación.
Om Mani Padme Hum!



http://www.bubok.es/libros/218909/El-dia-que-murio-John-Lennon-De-relatos-cuentos-y-otras-leches-2-Edicion



domingo, 11 de noviembre de 2012

Regalando felicidad en un domingo soleado

Vista desde la terraza este domingo mientras escribo

Regalando felicidad en un domingo soleado

Siempre es así, después de cada tempestad siempre llega la calma, y hoy domingo, nos han regalado un día brillante y repleto de luz y color. Como si toda el agua que ha caído estos días hubiese sucedido en otro lugar. Hasta las mismas noticias tan horribles que nos ha dejado la semana parecen encajar en otra dimensión menos lúgubre, especialmente cuando se acompañan con esas promesas que esperemos no queden en eso, promesas, de que a partir del lunes se llegará a un acuerdo para parar los desahucios. Al menos, a las familias de esas pobres gentes que no pudieron aguantar la presión y la desolación y decidieron acabar con todo de la forma más triste posible, les quedará el consuelo de que sus vidas no se habrán perdido en vano.

Aunque durante la madrugada, la lluvia volvió a caer, rabiosa e intensamente, con obvias señales de estar enfadada, golpeando con fuerza la chapa de los techos del aparcamiento de aquí abajo, como avisando al mundo de que no pueden olvidarse de las promesas, y con un claro afán de ayudar a lavar las huellas de todas las lágrimas que se han derramado en toda España desde el comienzo de este aciago mes.
Pero ahora, los negros nubarrones que nos han acompañado durante casi toda la semana se han convertido en unas nubes blancas y algodonosas que flotan lánguidamente en el inmenso azul del cielo, paseando encantadas de un lugar a otro, arrastradas por un vientecito fresco y suave, propio de esta época del año. Los pájaros, que han estado desaparecidos, guarecidos en sus secretos rincones, ahora revolotean por encima de mi jardín, jugando con los profundos violetas y rosas de las hojas de las buganvillas, las blancas adelfas,  y el rojo vivo de los hibiscos, que parecen estirarse, orgullosos de haber sobrevivido con todas sus flores intactas al terrible temporal.
Con un día tan perfecto, no me queda otra que subirme a la terraza de arriba, a disfrutar del increíble paisaje que desde aquí se divisa, y bajo los cálidos rayos del sol escribir esta entrada para regalarle al mundo mi inmenso estado de felicidad. Porque señores, a pesar de todo yo vivo muchos momentos felices, quizás por nimiedades, pero créanme, tan intensamente felices que a veces duele, y es que después de tantos sufrimientos un simple detalle, como puede ser el hecho de haberme despertado para ver este hermoso día, me llena el corazón. Muchas veces pienso que se debería de haber inventado una máquina para que en vez de inyectar medicinas por las venas, se pudiese inyectar un poco de felicidad a todos los que sufren en el mundo. Por enfermedad, por soledad, por ausencias, por hambre, por guerras, todo debería poder curarse con un poco de felicidad compartida.
Podría ser un aparatito pequeño, como una especie de cronómetro, que cada uno pudiésemos graduar según las necesidades del necesitado de un poco de alegría, y con un radio de alcance que dependiese de hacia donde queremos dirigirlo, para que nunca se quedase corto.
Yo enviaría esos rayos de felicidad invisible antes que nada hacia mi pueblo, Barbate, para que aliviara el dolor de mis primas y primos por la pérdida de sus seres queridos, para mi hermano, para que sienta alivio en su soledad, para mis amigos/as, Ana, Cati, Afi, Miguel,   que también sufren por culpa de la enfermedad y de las ausencias, para todos esos hombres y mujeres que después de toda una vida luchando por y con el mar, ahora ven como se lo van arrebatando poco a poco, para los jóvenes de mi pueblo, que  contemplan su futuro con ese horrible desasosiego  de no saber que les espera. Lo enviaría también hacia mi otro pueblo, San Pedro de Alcántara, donde hay muchos amigos que sufren por culpa del cáncer, del paro, y de la incertidumbre. Para Granada, donde mis amigas Mercy  y María, intentan cada día repartir todo su amor entre sus familias y amigos, para que le dé fuerzas y nunca desfallezcan en su labor.
Hacia Guatemala, para que alivie el dolor y el miedo después del terrible terremoto; hacia ese hospital inglés donde se recupera Malala de sus terribles heridas, para el Tíbet, para que los tibetanos puedan vivir en paz en su maravillosa tierra sagrada. Tampoco me olvidaría de Siria, donde habría que  apuntar todos los aparatitos del mundo para que de una vez por todas se acabe esa guerra tan cruel. Y por supuesto, enviaría un rayo enorme hacia Cuba, ese país que tanto me duele, para que su gente puedan conocer al fin la Libertad, esa que durante más de medio siglo le han arrebatado.
Yo llenaría estos aparatos con rayos de sol, con música, con bailes, con comida, con paz, con libertad, y sobre todo, con mucho cariño y amor, pues al fin y al cabo, sólo el amor puede llenar el corazón del ser humano de alegría y felicidad, desbancando el odio, la ira y el rencor hacia un lugar de donde no puedan salir jamás.

viernes, 9 de noviembre de 2012

¡Ni un Desahucio más!

Por Amaia Egaña

Amaia también se marchó

Hoy me había sentido bastante animada durante toda la mañana. No ha sido por nada especial, al medio día bajé a la calle en medio del descanso de las aguas torrenciales de estos días, que ha sido eso, un descanso, porque ahora mismo, en la madrugada, sigue lloviendo con tanta fuerza como ayer. Pasé por un banco y luego recogí a mi niña del autobús, cosa que normalmente hace su padre solo, y en el intervalo visité la pizzería de mi amiga.
Hasta ahí nada hacía presagiar el resto de acontecimientos que se sucederían, y que conste que sigo mirando la vida de una forma positiva, pero ha habido un punto de inflexión en mis quehaceres cotidianos que me han hecho pensar seriamente en mi verdadera situación, la económica y la otra, la espiritual.
Cada día, al despertarme, me hago el firme propósito de que pase lo que pase tengo que aceptarlo y tratar de verlo desde todos los prismas posibles, y si se puede, reírme de lo que sea, o al menos, echarle una sonrisa. Algunas veces son facturas que se cuelan en el correos, o cartas amenazantes del banco señalándote que debes una letra más de la hipoteca, últimamente también, cartas del hospital recordándote que se acerca la fecha de las segundas pruebas para comprobar que todo sigue en orden, una especie de ITV después del cáncer de mama, que tendré que pasar de momento cada seis meses, y durante cuatro años más, pero que sigue provocándome escalofríos cuando recuerdo los largos y duros meses vividos.
Como decía, eran las tres y piquito cuando hemos llegado a la casa, y aunque normalmente almorzamos a esa hora y no ponemos las noticias, sino los dibujitos de Scooby Doo, que mi niña sigue adorando, hoy al haberme bajado yo también a recogerla no ha sido así, la comida no estaba lista y puse las noticias mientras trasteaba en la cocina.
Me impactó muchísimo, enseguida me identifiqué con ella, Amaia, la mujer de Barakaldo que hoy se quitaba la vida antes de abandonar su casa por un nuevo desahucio. Una nueva muerte provocada por la angustia de pensar que una vez pierdes tu casa, por la que tanto has luchado, ¿que te queda luego? si ni siquiera te dejarán levantar cabeza nunca más.
Otra historia más en la que la victima no dio a conocer a nadie su verdadera situación, ya que nadie ni siquiera  la imaginaba, ni el alcance de la misma, que los había llevado hasta un nuevo y desgraciado desahucio más.
Creo que la misma conmoción que sacudió la calle esta mañana al conocerse la noticia, ha sido la que me ha golpeado a mí, pues en verdad me siento muy preocupada por mi tema.
No voy a ahondar más en la situación económica que llevamos sufriendo en mi casa desde hace cuatro años, pero hasta el mes de octubre del año pasado, cuando mi marido una vez más se quedó sin trabajo, y sin posibilidad de buscarlo por mi delicado estado de salud, estuvimos luchando por pagar la hipoteca, a costa de quedarnos sin comer, sólo a través de comedores sociales, Cáritas, la iglesia, amigos, y no se que más, lográbamos sobrevivir.
Pero ya, desde el mes siguiente no pudimos hacer frente a las letras, y ahora hará un año que no hemos podido hacer frente a ningún pago más. El banco, o sea, mi banco, que no es otro que Bankia, antes Bancaja, me ofreció la dación en pago en el mes de abril, si les entregaba la casa en un mes, me quedaba limpia de deudas, todo ofrecido dentro de la mayor amabilidad y comprensión por nuestra situación, y como una concesión especial.
Aceptamos  la oferta y nos dispusimos a investigar la forma de poder alquilar una casa, que no bajaban de los quinientos euros, no teníamos ni para la fianza, ni para pagar un alquiler, y en esa disyuntiva estábamos cuando saltó el escándalo de Bankia, y comprendimos la urgencia del banco en que entregásemos nuestra casa con tanta premura. Una nueva visita nos alargó el plazo, y le pedí que estudiase la forma de poder pagar sólo quinientos euros mientras que nuestra situación mejorase. Respuesta vaga de estudiarlo, y nada más. Ya luego, recibimos una carta en la que se nos comunica  que pasarán al proceso judicial, y ni una noticia más desde entonces. Al banco hemos vuelto, pero ya la última vez, la otrora amabilidad del director se ha convertido en una crispación y una desazón de no saber que decirme, cinco días para que les entregase la llave y ya luego se estudiarían si me daban la dación en pago.
Así que en esas estamos, ellos desesperados porque yo me vaya de la casa. Yo, pensando, que eventualmente me llegará el juicio y la orden de desalojo, y que no tendrán en cuenta que toda esta situación se ha originado por culpa de mi enfermedad, por la situación laboral en el país, por una crisis en la que ellos han colaborado con ahínco; nada de eso, para ellos no soy nada más que un montón de ladrillos, del que tienen que adueñarse sea como sea.
Con todos estos pensamientos llegó las siete de la tarde, y decidí que iría a echar uno de esos euromillones, que hacía mucho tiempo que no jugaba, quizás tenga suerte y gane para solucionar mis problemas y los de mucha gente, y con esas llegué al pueblo. Me encontré con una amiga, a la que hace mucho que no veía y a la que quiero mucho, le pregunté por nuestros amigos comunes, y me dio una noticia muy triste. Alguien a quien las dos queremos mucho, está pasando por unos momentos muy duros y crueles, su cuerpo batalla contra la maldita lacra del cáncer, y lo tiene muy difícil. Sabemos que es una persona luchadora, y que no se dejará vencer tan fácilmente, está rodeada de toda su familia, y de muchos amigos que la queremos, y que todavía creemos en los milagros. Y ha sido esta noticia la que ha cambiado por completo el impacto que me produjo la pérdida de esa vida por culpa de un desahucio, mi actitud derrotista de horas antes se desvaneció por completo.
De repente lo veo todo más claro, sí merece la pena luchar,  por mi casa que tanto trabajo sudor y lágrimas nos ha costado a mi marido y a mí por mantenerla, por mi niña, para que al menos durante su adolescencia no tenga que preocuparse de donde va a vivir, por todos aquellos que están en mi misma situación, y porque se cambien las leyes.
Ahora el gobierno dice que va a cambiar la ley, que no va a haber más desahucios, y yo sigo esperanzada de que a mí no me va a tocar, y el lunes iré a hablar con mi banco y tendrá que ofrecerme una solución, porque si sigo con esta espada de Damocles sobre mi cabeza, en la que se ha convertido mi querido hogar, no podré estar al cien por cien cuando vaya a pasar las pruebas. Y eso, señores, es un lujo que no me puedo permitir, por mi hija, por mi marido, y por las muchas cosas que me quedan por vivir. Así que termino este post con un grito de alegría y rompo una lanza para que no haya mas noticias como las que nos han contado hoy, y porque mi amiga salga adelante.
¡No se olviden de ponerse los zapatos de tacón y salir a pisotear la tristeza!
¡Om Mani Padme Hum!


jueves, 8 de noviembre de 2012

Cambiando armarios en noviembre

En mi 7ª Quimio, la pasada Nochevieja, celebrada con mi hija
y mi marido en la casa. Con mi peluca y mi traje de fiesta.

Cambiando armarios en Noviembre

¡Por fin llegaron las aguas! Este año han tardado más en llegar, y es que, eso es lo que tiene vivir en una zona tan privilegiada como lo es la Costa del Sol. Marbella, San Pedro Alcántara, Estepona, y todas sus pedanías, disfrutan siempre de un clima envidiable, aunque con estos días de agua que llevamos nada nos lleve a pensarlo, ¡porque mira que está lloviendo! Pero como digo, al fin llegaron las lluvias y llegó el tan ansiado y temido momento de cambiar de ropas en la casa.
Se abren armarios y van saliendo como en un eterno desfile, vestidos descotados, faldas imposibles, shorts, camisetas, toallas de playa, bikinis, pareos, pañuelos para la cabeza, sandalias; esas sandalias que han enseñados nuestros pies desnudos al mundo hasta casi ahora mismo, y que ahora parecen abochornadas de tanto descoco y se apresuran a esconderse en bolsas y cajas hasta el próximo verano.
Todo adquiere un tinte diferente, cuando uno tras otro van acabando, bien en la lavadora para prepararlos para su largo encierro, o directamente en bolsas donde dormirán su sueño invernal en el fondo de baúles y cajones.
Junto con ellos, se van quedando atrás largas tarde de verano contemplando atardeceres, días de risas y baños, de juegos con las olas, comidas playeras, esas sangrías caseras compartidas con amigos en la orilla del mar. Fiestas de lunas llenas, conciertos al aire libre, exposiciones, ferias de pueblo, moragas, barbacoas, bautizos, bodas y comuniones, todos celebrados bajo el alegre augurio del sol y de las cálidas temperaturas en toda la geografía española, cada una de ellas pasará a compartir su lugar junto con nuestros vestuarios veraniegos.
Durante el verano, hasta la más negra de las calamidades parece alejarse de nosotros, aunque sea en sentido metafórico, ya que el dolor y la tristeza no entienden de estaciones, como no entienden tampoco la pobreza, la enfermedad, ni la propia muerte, y es que al ser humano le basta un simple rayo de sol para engancharse a él cual cabo salvador. Ni tan siquiera la complicada y peligrosa situación financiera de nuestro país, con la que nos han bombardeado sin piedad durante la época estival, ha logrado impedir que todos hayamos disfrutado, a un nivel u otro, y de diferentes maneras, de un estupendo y feliz verano.
Pero ya llegó noviembre, a mi juicio el mes más triste del año, ya que lo comenzamos con la memoria de todos nuestros seres queridos que ya no están con nosotros, y el recuerdo todavía duele. Este año doblemente triste por la pérdida de cuatro jóvenes vidas, truncadas, como en un cruel sarcasmo, en lo que parecía ser una inocente fiesta de Halloween. La música y el ruido acompañaron sus partidas, ignorantes del drama que se vivió en aquella ratonera en la que se había convertido un pasillo de salida. La tragedia del Madrid Arena, y los nombres de Katia, Rocío, Cristina y Belén, estarán siempre ligados al comienzo de todos los próximos noviembres que lleguen.
Y nosotros, los que quedamos, sacaremos todas nuestras prendas de abrigo, botas y zapatos, edredones y mantas, con las que cubriremos nuestros cuerpos durante los largos y oscuros días de invierno que se avecinan. Nos refugiaremos, bajo ellos, no sólo del frío, sino de todas esas otras noticias que hablan de futuros esperpénticos, de desastres naturales, de gentes sin casas, sin comida, sin trabajo.
Sacamos de nuestros arcones, no sólo ropa, sino una coraza protectora, que se convertirán en nuestra tabla salvadora en los duros meses venideros.
Hay como una sensación de desamparo y desesperación cuando agarramos abrigos y ponchos de lana, pero yo quiero romper una lanza por la esperanza. Tenemos que mirar bien en el fondo de nuestros baúles, pues seguro que quien más o quien menos, tiene alguna lentejuela brillante en algún vestido o camiseta que casi habíamos olvidado. Un zapato de salón de tacones y punteras imposibles, los cuales dominamos como verdaderas acróbatas cuando nos subimos a ellos, y un bolso de noche en el que duerme escondida aquella barra de labios que usamos en las últimas fiestas.
Hay que aferrarse a ellos, y pensar, que noviembre será pronto un mes pasado, y que luego llega diciembre, cuando nuestras calles volverán a iluminarse con bombillitas de colores, anuncios de premios y loterías, rifas de cestas y canastos de Navidad, y aunque también nos traigan recuerdos de ausencias, debemos convertirlos en aquellos momentos felices que compartimos con los que ya no están.
Pensemos, aunque sea por un momento, que diciembre será un mes diferente, que nos dejará mejores noticias en lo económico, en lo social, en la ciencia, en la lucha por curar esas enfermedades malditas que tanto dolor producen. Pensemos que podremos ayudar a todas esas personas que luchan y sufren cada día por culpa de su situación económica, a los que a pesar de haberlo perdido todo siguen adelante sin desmayo.
Dejemos que la visión de nuestra ropa de fiesta se convierta en una realidad, hagamos una cadena de solidaridad, aunque sólo puedas con el pensamiento, porque estoy segura, de que si todos proyectamos el mismo pensamiento positivo, lo llenamos de luz y amor, no sólo seremos y nos sentiremos mejores personas, sino que ayudaremos de verdad y con el corazón a aquel que más lo necesita. Y recuerda, siempre llegará el verano y habrá que volver a cambiar los armarios, así que ponte los tacones y ¡sal a pisotear la tristeza!

martes, 30 de octubre de 2012

Un cambio de rumbo

Díptico. Óleo sobre lienzo. 70x50. Obra propia
Atardecer en el Pacífico

Un cambio de rumbo

Realmente no puedo que al menos agradeceros a todos, y a cada uno de mis pocos seguidores aún, vuestras palabras de ánimo y de admiración en este blog y en mi “feis” como jocosamente llamo a esa red social que hace que muchos de los que estamos desperdigados por ahí, y que procedemos de una misma cuna, podamos seguir compartiendo y reencontrándonos después de tantos años de ausencias, muchas forzadas, otras deseadas.

Creo que mi entrada de ayer ha sido de las más duras para escribir, pues realmente llevaba tanto tiempo escondiendo mi situación real, que hasta a mí misma me produce shock leer mis propias palabras, aunque no he querido ahondar más en el tema., no tanto por mí y la vergüenza de reconocer mi propia situación, sino por el hecho de que pueda dolerle a algunos de mis amigos y a mi propia familia que no estuviesen al tanto de la situación.
No hay una cosa que me altere más que saber que pueda dañar o herir a mis seres más queridos, sea inconscientemente o no, quizás por eso procuro mantener el espíritu alto, dar ánimos a los demás es en cierta forma una manera de animarte a ti mismo.

Sopesé mucho el hacerlo o no, y ganó el sí, necesitaba liberarme de mis fantasmas, mis miedos, y para eso nada mejor que desnudar el alma para uno mismo. Alguien, un escritor, me dijo una vez una cosa que se me quedó grabada, “cuando escribas, hazlo para ti, no pienses en quien te puede leer y quien no, simplemente escribe para ti, cuando lo hayas logrado, entonces empezarás a publicar.

En realidad, eso es lo que he hecho siempre, escribir para mí, ya que aparte de mi primer libro publicado y un par de premios literarios, rara vez he enseñado mis escritos a nadie, de vez en cuando me explayo en alguna disertación, pero poco, siempre he sido más bien de contar historias.
Porque eso, como ya sabéis muchos, me encanta, hablar; hablar y contar anécdotas de mis viajes, la pena es que después de tantos años todavía no he podido contarlas todas, así que decidí escribirlas desde siempre, por si un día llegaba la ocasión y me atrevía a enseñarlas al mundo.
Creo que la ocasión ya ha llegado, y he querido comenzar pariendo este blog, que me ha costado tantos años arrancar, ya que lo comencé en el 2008, pero como ya sabéis, mis circunstancias cambiaron, y claro, sin Internet ni acceso bien difícil lo he tenido, pero al fin, todo llega cuando es el momento, nunca es demasiado tarde, siempre quedará alguna razón escondida en algún lugar que haga que así sea.

Como ya os dije hace algunos días algo ha cambiado, y ha sido la actitud, todo se basa en eso, actitud. Los reveses de la vida hacen que uno vaya encerrándose en si mismo cada vez más, y cuando te das cuentas has llegado al punto de ostracismo absoluto, en el que simplemente giras dando vueltas siempre al mismo problema, una y otra vez, como en una noria infinita, y ahí radica el problema.

Hay que escapar de la inercia que provoca el dolor de la enfermedad, la pérdida de los que uno ama, de la desesperación de no lograr llegar a fin de mes en las cuentas de la casa, de no poder ayudar material ni económicamente a nadie, de que tus hijos no puedan salir con los amigos, de no poder disfrutar del amor de pareja, de que, en una palabra, seas prisionero del sistema y de sus valores de felicidad. Sistema, que así mismo, regala infelicidad a los que aparentemente no tienen ninguno de esos problemas, sino más bien todos los contrarios, pues no hay que olvidar de que también se sufre y peca con el exceso.

Pero no importa, si miramos dentro de cada uno de nosotros, siempre encontraremos una esquinita donde todavía sigue brillando la llama de la esperanza. Esa llama no es otra que recordar los agradables y felices momentos vividos al lado de los seres que ya emprendieron viaje, de los buenos momentos vividos sola o en compañía de amigos y familiares, de los olores de campos lejanos, de mares indómitos, de puertos de pesca, de calurosas tardes de verano refrescadas en las playas, de chimeneas encendidas en hogares queridos, de las risas de tus hijos, sus primeras palabras. Son tantas cosas que seguro cualquiera de nosotros podemos elegir al menos una, que nos consuele y nos cure las heridas.

Para mí quizás sea más fácil, por el torrente de experiencias, buenas y malas,  vividas a lo largo y ancho de mi particular vida, así que no pretendo nada más que poder ser de ayuda para todos los que lo tengan más difícil, y compartir desde aquí viejas y nuevas anécdotas que de seguro en algo aliviará la pesada carga que a muchos les ha tocado vivir.
 Lo que me lleva de vuelta a otra época, cuando vivía en chozas de alejadas aldeas, donde sus habitantes tenían por única ocupación pescar para comer en el día, o recoger el toddy y los cocos que generosamente les regalaba la naturaleza para su sustento. Toda la vorágine de la sociedad moderna se esfumó por completo en aquellas islas, y la vida adquirió otro tinte menos dramático.
Fragilidad de islas frente al vasto océano. Doradas cúspides de pequeños atolones que se encontraban emergiendo lentamente entre las sólidas aguas azules del Pacífico. Densos grupos de palmeras, ascendentes y etéreas  columnas de humo como señales de vida. 
Ojos y mente despiertos ante la incertidumbre de lugares desconocidos. La amalgama del verde de los esbeltos cocoteros, el refulgente amarillo y blanco de las arenas de coral, en medio del cristalino y profundo cobalto de las aguas del inmenso océano golpeaban al espíritu hasta dejarlo insensible. La belleza del país virgen superaba al miedo de adentrarse hasta sus más profundos rincones, del mar o de las pequeñas porciones de tierra que lo conformaban. Allí, nada era lo bastante importante  o serio como para borrar las sonrisas de aquellas caras, risas y juegos inocentes de personas que no conocían la maldad. 
Recuerdo el día en que recibí mi primer paquete de la Cruz Roja, con medicinas básicas, primeros auxilios, y unos tubos enormes de pasta de dientes, que se suponía tenían que durar durante todo el tiempo que permanecería allí. Los kiribaties nunca habían visto un tubo de pasta en las islas más alejadas, y la curiosidad picó al gato. 
Como el bendito paquete había llegado mientras que me encontraba trabajando, y mi choza, como la de todos ellos no disponía de puerta, ellos, que no tenían el sentido de posesión desarrollado para nada, decidieron abrir el enorme cajón, allí todo era de todos, su "buboti" era sencillamente un favor que no se podía rechazar. 
Al terminar mi jornada laboral al caer la tarde, me encaminé al que era mi hogar, divisé desde lejos que había un nutrido grupo alrededor de mi pequeña casa, y conforme me iba acercando a ellos, podía ver sus gestos y oír sus risas, y lo que parecían ser unos extraños tatuajes en sus caras, en la frente, sobre la boca, el cuello, de un extraño color blanco y algo de rojo.
Al llegar hasta ellos, sus palabras me sorprendieron, "emaitoro" gritaban con alegría, "tikiroi" , que no significaba otra cosa que "fresquito, agradable", y mientras miraba más de cerca los tatuajes me dí cuenta de que sencillamente habían abierto uno de los tubos de pasta y se habían dedicado a juntárselo entre ellos sobre bigotes, frentes, cuellos y demás, y que debido a la inexistencia de nada con mentol en sus vidas, ni dentífrico claro, había hecho brotar las lágrimas hasta del mismo jefe de la aldea, pero el hecho de sentir aquel frescor en sus caras  les parecía de lo más excitante.
Ese día me reí, horas y horas riéndome, y por supuesto que terminé con mi bigote y mi frente impregnado de pasta, pues verdaderamente era cierto que se sentía fresquito, pero también aprendí que a los mosquitos no les gustaba el mentol.   ¡Benditos nativos de la Micronesia!

Y con este bello recuerdo y con todo mi amor, les dejo en el día de hoy, no se olviden de calzarse las botas de pisotear la tristeza, y olvídense, al menos por un momento, de las penas, propias y ajenas, y si pueden, echense unas risas entre amigos, eso siempre eleva hasta al más bajo de los espíritus. Om Mani Padme Hum!




domingo, 28 de octubre de 2012

Una hora hacia atrás

¿Hoy vivimos una hora más?

Una hora hacia atrás

Esta madrugada, justamente a las tres, todos los relojes en este azotado país dieron un paso atrás. Como por arte de magia, volvió a dar las 2 de la madrugada. Yo escuchaba la radio, donde se anunciaba que esta noche, el programa, un magnífico programa por cierto, “La rosa de los vientos” en Onda Cero, duraría una hora más. A mí me pareció genial la idea, ya que en verdad estaba muy distraída mientras escribía unas páginas más de mi libro, cuando de repente dieron las tres. 
Las noticias invadieron las ondas de radio, y la primera fue, claro que sí, la del cambio de hora. Alguien dijo que esto causaba stress en niños y personas mayores, ya que el día se les hacía mas largo y les costaba más habituarse a recuperar esa hora perdida y este dato se me quedó prendido en algún lugar de mi cabeza.
Una hora perdida, pero según el gobierno, es una hora ganada, ya que esta hora “ahorrará” mucho dinero en gasto eléctrico, y repercutirá también en el ámbito laboral, lo cual ya le da una cierta importancia a esa hora.
Pero, eso es para el gobierno, ¿y para el resto de nosotros? dicho así quizás no tiene mucha importancia, otra hora más que muchos pasarán durmiendo, otros, esparcidos por bares y discotecas bebiendo y bailando, los trabajadores nocturnos, esos que nos limpian calles, nos hacen el pan, nos escriben los periódicos, nos atienden en los hospitales y en farmacias, taxistas, gasolineras, para ellos, esta noche será mucho más larga.  

Una hora da para mucho, más aún si la convertimos en minutos, ya son sesenta minutos, y sí la hacemos segundos, serán tres mil seiscientos segundos, muchos segundos para pensar para esos casi seis millones parados que no sabemos ya que pensar, pues muchos ya hemos llegado al punto de no retorno. Muchos segundos para pensar para la pobre familia que espera al lunes para que lo arrojen fuera de su casa, y muchos segundos para pensar para esos pobres inmigrantes llegados desde remotas aldeas africanas  hasta nuestras costas y que consiguieron sobrevivir, muchos otros no tuvieron tanta suerte.
Una hora al fin, que puede ser observada desde mil puntos de vista, y que en esta noche me gustaría mirar como una hora más de esperanza.

Quizás en esta hora se reúnan en algún lugar del planeta esos señores que se la pasan el día calificándonos a los españoles y a nuestro estado económico, y sencillamente se den cuenta de que son los mismos que nos metieron en este pozo sin fondo que se ha convertido nuestra maltrecha economía, quienes tienen que sacarnos de ella, y que sus predicciones no hacen más que asustarnos a los que no entendemos tanto de macroeconomías, ni de primas, ni de bonos, y que sencillamente, lo único que queremos es que esa hora que nos han “regalado” por arte de birlibirloque, sean muchos segundos, y muchos minutos de alegría, y no de penas y lamentos.

Señores del BCE, del Moody´s, del FEEF, del MEDE, y del FMI,  ustedes, para muchísimos españoles no son más que horribles siglas que nos asustan, pero también sabemos que ahora mismo, y dicho en español, son ustedes los que tienen al toro por los cuernos.

Creo que ya saben, y si no ya se lo digo yo, que detrás de toda esa amalgama de problemas financieros que arrastran la banca española o gran parte de ella, de los problemas del gobierno para mantener la estabilidad política, estamos las personas, que somos los verdaderos perdedores de toda la sarta de errores disparatados que han cometido nuestros gobernantes en estos 30 años de democracia de nuestra joven nación. 
Personas, muchas de ellas, que fueron incitadas al gasto y al consumo desaforado por esos mismos bancos que ahora les arrebata la vida, sin un mínimo de compasión.
Por eso, desde aquí les pido, en esta hora que nos han regalado los relojes a los españoles, que nos rescaten sí, pero no rescaten a los bancos, sino a los 5.778.100 parados que no entendemos de siglas, pero si sabemos que tenemos que ponerle un plato de comida mañana a nuestras familias.
Se lo pide una parada más a punto del desahucio, muchas gracias por la comprensión.


jueves, 25 de octubre de 2012

En un día de lluvias

En memoria de José Miguel Domingo

En un día de lluvias
Amanecieron los cielos preñados de nubes, y como era de suponer, descargó todas sus  aguas con alivio, mucho tiempo sin bajar a besar a su amada tierra, que la esperaba ansiosa de ser de nuevo humedecida, como una joven ninfa.
Bajo el amparo de un techo, el soniquete del agua cayendo sobre los tejados adormece los sentidos y te remonta a aquellas épocas de la infancia, en la que la lluvia en la noche  era la mejor excusa para acurrucarse con madre y hermanos bajo una cobija calentita.
Pero en este momento, en muchos rincones de España, hay muchas familias, demasiadas diría yo, que ya no escuchan el agua caer sobre sus tejados, sino sobre sus cabezas, y sobre todas sus ilusiones truncadas de un plumazo. Esta noche, también hay muchas familias que seguramente esperan a que quizás mañana, en algún juzgado de  cualquier pueblo o ciudad española, un juez firme otra nueva orden de desahucio, y que esta vez les toque a ellos macharse de sus casas. O quizás, en cualquier otro lugar, otro hombre espere al amanecer para quitarse la vida y no tener que enfrentarse al dolor y al horror de ver como echan a su familia a la calle, como ese pobre hombre en Granada, quién, cual triste paradoja, convocó en su casa y a la misma hora, a la policía investigando el suicidio, y a la comisión de desahucio acompañado también por la policía. El banco se queda con la propiedad, y el difunto pierde no sólo el piso, sino también la vida. Parecía que estas cosas sólo pasaban en la pobre Grecia, pero ya ven, aquí también está llegando la desesperación de la impotencia.
Mientras, las noticias económicas nada más que hablan de rescates, y de millones de euros, que nadie ha visto nunca, ni probablemente verá, porque todo ese rescate irá a manos de los que hicieron que este pobre hombre se quitara la vida, y de los que tienen la culpa de que esta noche, la lluvia caiga sobre personas desamparadas, los poderosos bancos.
Esta sociedad política y financiera, está condenando no sólo a los más desfavorecidos, sino también a la clase media, y a muchos de los que hicieron que ellos llegaran al poder, a una vida oscura y gris, donde la desconfianza y el miedo se apodera del ser humano y lo atenaza, obligándoles a guardar silencio ante el temor de ser expuesto públicamente al vil escarnio de la vergüenza por haber sido incapaz de mantener una vida digna. Lo aisla socialmente, ya nunca esa persona podrá acceder a ninguna otra oportunidad que implique conseguir otra casa, otro crédito, un teléfono, un vehículo, una nómina, nunca más habrá tarjetas de crédito en esa cartera, y seguramente ese estigma llegue hasta el futuro de sus hijos, marcándoles ya desde pequeños.
Ya es hora de que tomemos conciencia de que esto se está yendo de las manos, no se pueden seguir permitiendo más de 500 desahucios diarios en toda nuestra geografía, cientos de familia abocadas a vivir en el arroyo mientras que el parque de viviendas vacías se incrementa por minutos. La dación en pago no es una solución, sino un deber, y al mismo tiempo ofrecer esa misma casa con un alquiler social a los antiguos propietarios, quienes no tendrían que abandonar así su hogar, especialmente cuando hay niños y mayores de por medio.
Esto sólo se puede lograr si entre todos hacemos presión a través de las plataformas que se han creado al efecto, nuestras firmas son importantes, entra en PAH, Plataforma de afectados por la Hipoteca y firma la petición.

SI QUEREMOS, ¡PODEMOS!, aquí os dejo el enlace!


Se ha ampliado el plazo para entregar las firmas hasta el 25 de enero de 2013

Ante los tristes hechos acontecidos hoy en Granada, y como muestra de solidaridad con la familia de José Miguel, bajo el lema “Contra el Genocidio financiero y los desahucios, procesemos a los culpables”, hoy viernes, 26 de Octubre, la PAH convoca a una concentración en los siguientes lugares, si tu ciudad no está en la lista entérate por tus medios locales.

Convocatorias confirmadas:

Barcelona. Viernes 26 octubre. Pl. Catalunya 21:00 h

Tarragona. Viernes 26 Octubre. Pl. Imperial Tarraco a las 21:00 h

Almería. Viernes 26 Octubre. Pl.Puerta de Purchena a las 12:00 h

Granada. Viernes 26 Octubre. C/Arzobispo Guerrero num 15 (Chana) a las 19:00 h

Mallorca. Sábado 27 Octubre. Plaza España a las 19:00 h

Logroño. En breve confirman día y hora.


miércoles, 24 de octubre de 2012

El mundo cambia de repente!

Sigue siendo una solitaria madrugada más, de las muchas que paso y he pasado detrás de esta pantalla, pero hay algo que ha cambiado, y es simplemente mi actitud hacia esas madrugadas. Escucho la lluvia caer mansamente sobre los tejados del aparcamiento que hay justo debajo de mi balcón, mantengo la puerta abierta, y puedo ver el brillo de las gotas de agua que, extrañamente compactas, abrazan amorosamente a la tierra. Aún no hace ese frío de otoño que te obliga a cerrar puertas y balcones, y el aroma de la noche me transporta a viejos olores mezclados con recuerdos de mi infancia. 
Atardeciendo desde la terraza superior de mi casa
Si tuviese que ponerle una nota al día de hoy no puedo por menos que darle un fabuloso diez, aunque no he hecho grandes cosas, simplemente, por la tarde, fui a una reunión escolar, en el instituto de mi hija, pero esta vez fui con mi amiga Mercedes, y pude quedarme hasta el final. Conocer a la tutora de nuestras hijas, pues la suya también va a la misma clase que la mía, que es a la vez la profe, como dicen ellas, de matemáticas, y descubrir que tenemos muy buenos docentes en este país, que realmente se preocupan de la educación de nuestros hijos. El director, y a la vez profesor en el centro, me ha atendido amablemente cuando le he sugerido una idea para el centro, o más bien para los estudiantes, y no puedo por menos que agradecerle desde aquí su disposición a iniciar nuevas ideas, y ya hemos concertado una cita para la próxima semana para hablar del proyecto. 
También me he presentado para el Consejo escolar, y me han nombrado delegada de tutoría, bueno, más bien he postulado yo voluntariamente y todas las demás madres, y un solo padre, me han aceptado. 
Creo que hoy, ha sido diferente porque por fin empiezo a tomar conciencia de que la vida sigue, y que no debemos estar esperando siempre a que suceda algo, ni bueno, ni malo, simplemente hay que seguir el sendero marcado por nosotros mismos, o por nuestras circunstancias, ya que muchas veces estas no se pueden cambiar por más que uno lo intente, y para evitar el conflicto, nada mejor que encararlas con mucha fe, y sobre todo con una actitud positiva, recogiendo lo poco o mucho que esta nos deje de experiencia, pues les puedo asegurar que tarde o temprano, sacaremos una enseñanza de cualquier acontecimiento, bueno o malo que hayamos pasado. 
Y con estos pensamientos de haberme realizado en el día de hoy como persona y con el corazón lleno de alegría y felicidad por este hecho, les digo buenas madrugadas amigos, y que tengan un buen despertar, ¡yo me voy a escuchar la lluvia desde la cama!
Om Mani Padme Hum!