Hoy amaneció soleado y calentito, la
temperatura es de lo más agradable, y el cielo amaneció tan despejado de nubes
como mi corazón de preocupaciones.
Comencé mi día con este precioso vídeo de
gratitud, para abrir las raíces de mis Chakras, ya que con la preocupación de
los últimos días me sentía bastante encogida, no podía respirar por dentro,
aunque me entraba aire no parecía llegar a ningún sitio.
Ya sabéis que insisto
mucho en lo de respirar apropiadamente, que es una cosa que tendemos a olvidar
por muchos motivos, y más en estos días, donde muchos viven angustiados
pensando de que manera van a celebrar la Navidad, y otros angustiados por todo lo
contrario, porque no saben que comprar para celebrarla. ¡Irónica esta vida
nuestra!
Por eso, lo mejor es tratar de
desconectar algunos momentos al día, aunque sean unos simple cinco minutos, y
escuchar nuestro sonido interior mientras que realizamos profundas
respiraciones que oxigenen bien nuestros cerebros y rieguen bien el corazón, no
tenemos ni tan siquiera que buscar ningún lugar especial, simplemente cerrando
los ojos cinco minutos sin que nadie te interrumpa, y concentrarte
interiormente con tus Chakras del estómago y de la garganta, mientras que
aspiras el aire reparador que te traerá armonía a todos tus sentidos.
Por eso he querido compartir este pequeño
vídeo de cinco minutos, para que les ayude a poder seguir con la lucha del día
a día, en el que todos pretendemos vivirlo feliz y en armonía, pero que muchas
veces se ve interrumpido por muchas cosas ajenas a nuestra voluntad.
No dejéis de leer todas y cada una de las
palabras escritas, mientras escucháis la música y miráis las imágenes,
transportaros al significado de cada una de las palabras escritas, porque este
es mi mensaje de gratitud para todos y cada uno de los que me habéis escrito o
llamado, y también para todos aquellos que aún pensando en mí no lo hicieron,
por orgullo o por rencor, no lo sé, pero a ellos también mi eterna gratitud,
sin ellos no sabría apreciar el verdadero valor de lo que es sentirse querida
por tanta gente.
Ahora, no son sólo seis meses más hasta
la próxima visita, ahora sé que es toda una vida la que se despliega ante mí,
porque como dice mi doctor, nadie sabe nunca cuando le llegará la hora, ni el
más sano de los mortales, así que a vivir y a agradecer a la vida para siempre
todo que a diario me da, bueno y malo, de todo sacaré partido, y aquí les dejo,
con este pequeño tributo de agradecimiento
y de lealtad, y déjenme decirles que este año celebraré mi particular
navidad, arropada con el cariño y el amor de todos aquellos que me regalan por
siempre su amistad.
Un abrazo Mundo, Mepocamusic, Mujeres
Llenas de Vida a partir de los 45, Barbate La Octava Maravilla, La Galería Café Bar, en
Barbate, El Candil, de San Pedro Alcántara, Doris Aguilar, y tantos otros que
necesitaría una nueva página para meterlos a todos, ¡Gracias por estar siempre
ahí!
¡Y no se olviden, zapatos de tacones y a
la calle a pisotear las tristezas!
Domingo, 16 de diciembre, podría ser
cualquier otra fecha, pero no, hoy hace 10 años que el cementerio de mi pueblo
recogió el cuerpo de mi madre, en un nicho donde ya llevaba el cuerpo de mi
progenitor diez años de enterrado, y digo que recogió el cuerpo, porque estoy
segura de que su espíritu voló hacia otras lejanas tierras en el momento en el
que abandonó su envoltura material, y eso me hace feliz pensarlo, aunque sé que
a pesar de todo ella hubiese estado contenta de saber que el cuerpo del que fue
su marido estaría bajo sus pies toda la eternidad, ¡irónico momento!.
No dejaría de ser otro 16 de diciembre
más, de los diez que han pasado, sino fuese porque mañana, día diecisiete, por
fin voy a ver a mi oncólogo, la segunda visita de revisión, y aunque, la verdad
sea dicha, siento que voy a estar bien, no puedo dejar de tener un viso de
preocupación, que no ha conseguido disminuir mi entusiasmo en este último fin
de semana, donde me siento y sé que
estoy completamente sana como una pera, ni siquiera las terribles noticias
acaecidas en estos últimos días en el mundo han conseguido bajarme el ánimo,
aún sintiéndome extrañamente egoísta por ello.
Realmente el tiempo se ha comportado,
mucho frío, muchas nubes amenazadoras, pero no ha derramado ni una gota de la
lluvia que parecía que iba a descargar con toda su fuerza, dándonos la
oportunidad, a mí y a mi pequeña familia, y a algunos otros valientes que nos
encontramos ayer, de disfrutar de un bonito paseo, mecidos por el inconmensurable
rugido de las olas del mar al chocar contra la ahora desierta y vapuleada playa
que tanto disfrutamos durante el verano.
Millones de piedras grises, blancas,
negras, pequeñas, grandes, atrapadas muchas de ellas entre la debris arrojada
por el mar en los pocos temporales que llevamos en este otoño, porque todavía
no ha comenzado el invierno; troncos retorcidos y secos, algunos palos medio
quemados, restos de hogueras apresuradas, de buen seguro hechas por los pocos
pescadores que se podían ver regados a todo lo largo de la enorme playa.
Mientras, las gaviotas continuaban jugando con las ahora grises y espumosas
olas, o paseaban sorprendidas por la escarpada orilla, regada de toda suerte de
objetos inexistentes en el verano.
Mi perra, Carlota, a pesar del frío,
corría de un lado a otro intentando atrapar olas con la boca, como en el
verano, pero al estar más cerca de la arena que del agua, y algo más torpe que entonces,
no fueron pocas las veces que terminó con el hocico lleno de arena. Disfrutaba del
largo paseo encantada, corriendo hacia un atardecer que se divisaba hacia la
parte de Estepona en todo su esplendor. Destellos cegadores de sol con jirones
de colores malvas y rojos, que se escapaban por debajo de las oscuras nubes
grises que seguían amenazantes, pero que apenas dejaron escapar algunas tímidas
gotas que ni siquiera mojaban la cara.
Al regreso, y casi en la misma playa,
entramos a visitar a nuestros amigos que tienen el privilegio de vivir muy
cerca del mar, después de un reconfortante té, volvimos a dejar a Carlota en la
casa, y luego fuimos a recoger a nuestra niña, que llevaba toda la tarde en
casa de su amiga, haciendo un trabajo con otras compañeras. En la casa de estos
amigos, Mercedes y Enrique, me comí un trozo de bizcocho como hace mucho tiempo
que no me comía, (sin que estuviese hecho por mí me refiero), aparte de probar
mis dos primeros polvorones de navidad, que el año pasado no pude comer porque
me era imposible tragármelos, recién terminada la “sufrina”, como llamaba yo a
la quimioterapia, así que este año pienso saborearlos como nunca.
Al regreso, y después de un par de horas
de espera, hemos disfrutado de una cena totalmente exótica, arroz basmati con
langostinos a la salsa de curry, con una ensalada de cilantro y tomates picados,
preparada obviamente por mi estupendo chef particular, que no es otro que mi
querido marido, que se había afanado en la cocina mientras yo me sumergía en
uno de los capítulos de mi próxima novela, y que regamos con una copa de un
rioja normalito, pero riquísimo, del que hemos disfrutado los dos.
Ha sido mi deseo, un sábado como si
estuviésemos cenando fuera, con un sentimiento placentero y de plenitud, lo que
me ha deparado de una buena noche de descanso, hasta esta mañana, en el que el
día me ha vuelto a saludar de nuevo con un sol más brillante que el de ayer,
que nos ha llevado hasta el cercano pueblo de Estepona, donde hemos caminado
por sus empinadas y empedradas calles, hasta encontrar la plaza del reloj,
donde estaba el mercadillo solidario de las Ampas, y en la que no estaba la que
íbamos buscando, que no era otra que la del instituto donde estudia mi hija,
aunque sí pudimos compartir una agradable charla con el director, que sí se
encontraba. Realmente no nos importó al
final, pues a la vuelta, y justo en la esquina de donde estábamos, nos topamos
con el Belén Municipal, que era absolutamente asombroso. Ocupando el patio
interior de la delegación de participación ciudadana, en un despliegue de
imaginación y horas de trabajo, han montado toda la historia del nacimiento, y
se ve desde Belén, hasta Jerusalén, Nazaret, los romanos, pastores,
carpinteros, hombres vareando olivos, mujeres lavando la colada en ríos y
cascadas, que llevan agua tan real como si fuese el mismísimo lugar donde
Cristo vino a nacer. Reyes magos, ángeles,
mulas y bueyes, cerdos, pollos, hasta pavos, que realmente no deberían
de estar, ya que los descubrió Colón cuando fue a buscar su India particular y
se topó con América en vez, este detalle que quizás en otra época de mi vida ni
siquiera habría notado, hoy me ha llenado de orgullo explicárselo a mi hija, y
me he sentido muy, pero que muy feliz.
He seguido disfrutando del domingo ya en
la casa, donde disfruté también del atardecer desde la terraza de arriba,
luego, escribiendo mientras escuchaba música en mi cadena de radio favorita,
mepocamusic-online, y saludando de vez en cuando, en cortos chateos, a mis
queridos amigos feisbuqueros, que siempre se preocupan y me preguntan por mis
proyectos y resultados, y ahora, al filo ya de la media noche, creo que ya es
hora de recoger velas y retirarme a meditar antes de dormir, a poner en orden
todas las emociones de estos últimos días, y sobre todo, a llenarme de energía
renovadora, que hará que mañana por la tarde, cuando me siente frente a mi
doctor, esté totalmente relajada y segura de que todo está como tiene que
estar, y que nunca más voy a volver a sufrir lo mismo otra vez.
Con ese convencimiento y este precioso mantra de sanación te dejo Mundo,
aunque no se te olvide que también estaré siempre preparada para cualquier
circunstancia, recuerda que todo es una cuestión de actitud, y que yo me pongo
los tacones y ¡salgo a pisotear la tristeza!