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lunes, 22 de octubre de 2012

Y sin embargo...amigos!

La soledad se disipa cuando estás junto al mar.
Una playa de la India

Y sin embargo amigo…
Hoy, domingo me puse a limpiar el trastero de viejas revistas, bueno, en realidad una colección del País Semanal, que acumulé cuando todavía podía comprar el periódico, ahora, aunque pueda leerlo en Internet, ya no es lo mismo, no se huele la tinta fresca a través de la pantalla.
Me tropiezo con un fabuloso artículo escrito por Juan Cruz, “Y sin embargo amigo…” es del pasado 15 de marzo de 2009. No es muy actual el artículo en sí, pero sí el tema, los amigos, eso siempre está de moda en todos los tiempos, y más estos días.

¡Ah! Los amigos. En los casi 17 años que llevo residiendo en esta parte del mundo, por elección propia, ya que después de tantísimos años de estancia en el extranjero, necesitaba un lugar más cosmopolita para vivir que mi pueblo gaditano, puedo y debo decir que tengo muchísimos, a mí eso de que conocidos muchos y amigos pocos, nunca me ha cuadrado mucho, pues el nivel de amistad va variando con la vida, y por las circunstancias, queramos o no.

En todos estos años de nueva convivencia con mis paisanos españoles he pasado por muchos niveles de amistad, creo que por casi todos, condicionado siempre por el ambiente, las zonas donde he vivido, los amores que me acompañaron o el nivel de trabajo que he tenido.
Tengo amigos que conservo desde que llegué, otros casi desde que nací, y muchos otros con los que perdí el contacto pero sé que están bien y que siguen ahí, y por supuesto, cientos de amigos que conocí en mí deambular por el mundo, que comprenden muchísimas nacionalidades, a los que gracias al fantástico invento de las redes sociales sigo la pista en muchos rincones del planeta.

No es fácil vivir en la Costa del Sol, donde todo lo que pasa está en el ojo público la mayor parte del tiempo, quizás sea por eso por lo que muchos de sus habitantes tratan la amistad más como una moneda al uso. Todo depende de a quien conoces y en el círculo donde te mueves. Así será considerado el nivel de amistad que puedas llegar a tener con nadie. Huelga decir que siempre hay excepciones, pero aún así, esta bendita crisis que nos ha tocado vivir acaba con muchas de las buenas intenciones de muchos amigos.

Mi personalidad es bastante ruidosa, o estoy totalmente desaparecida una larga temporada, perdida en uno mis numerosos relatos, o simplemente pintando o leyendo en una faceta contemplativa. Y de repente, aparezco por todos los saraos, totalmente exuberante de felicidad y con tres mil proyectos nuevos que estoy deseando contar.
Nunca tuve un término medio, y reconozco que siempre he sido un poco apabullante, rayando en lo petulante a veces, pero es que me he pasado una gran parte de mi vida viviendo en recónditos lugares perdidos allá por los mares del Sur, también en el Asia más profunda, pasando por las cálidas tierras cubanas allá en el Caribe, y claro, eso marca, amén de que desde mi llegada pocos viajes y cosas fantásticas me han pasado, exceptuando el nacimiento de mi hija hace ya catorce años, así que quizás, lo reconozco, soy bastante reiterativa con el tema de mis viajes.

Pero claro, vuelvo al tema de las circunstancias, la amistad y la crisis, esa maldita crisis que tanto desgasta, ya no sólo porque nos invaden a diario desde todos los rincones con palabras como rescate, prima de riesgo, deuda, desahucios, manifestación, huelgas, sino por que es tanta la cercanía de las imágenes de los problemas de nuestro achuchado país, que ya somos muchos los que vemos, demasiado a menudo, a muchos amigos siendo arrojados a la calle desde sus propias casas.
Nos sorprendemos, porque claro, a ver como le dices a un amigo de toda la vida, o de unos años, que quizás está en tu misma situación, que estás a punto del desahucio, que no tienes para comer, o para comprarle unos zapatos a tus hijos o libros, para pagar la luz, el agua, que comes gracias a los comedores sociales y a organizaciones de ayuda, y que sobrevives básicamente gracias a la ayuda de los tres o cuatro incondicionales amigos que siguen estando a tu lado a pesar de todo, unos porque pueden y otros porque con gran esfuerzo logran meterte en sus también maltrechas economías.
Antes, los amigos nos llamábamos para casi cualquier cosa, para organizar una fiesta, una barbacoa, una reunión para hablar sobre nimiedades, comentar algún libro, y de pronto, todo eso se desvanece. Según van desapareciendo las actividades sociales de tu agenda, van desapareciendo los amigos con ellas, luego, te quedas sin teléfono fijo, y el móvil una excusa perfecta, demasiado caro para que te llamen, todo el mundo está afectado, y cuando vienes a darte cuenta, estás en el borde del precipicio y no hay nadie a tu alrededor a quien contarle nada, ni siquiera te queda el consuelo de Internet, no hay línea, ni wifi.

Y aquí es donde entra en juego la amistad, no podemos ni debemos olvidarnos de todos aquellos que por circunstancias se han alejado de nuestras vidas, no sabemos realmente lo que ocurre detrás de cada puerta de los hogares de muchos amigos, pero de una cosa sí podemos estar seguros, cuando te encuentres a uno de ellos en la cola del paro, o en la puerta de los comedores sociales, no lo ignores, aunque sepas que él pretende no haberte visto, seguro que está esperando esa mano amiga que se apoye en su hombro y al menos le diga:
- ¿Qué pasó amigo?, ¡aquí estoy contigo!

Así que ya saben, por todo esto, yo seguiré siendo reiterativa con el tema de mis viajes, de mis libros, mis cuadros, mi cocina, mi yoga, mi meditación, mis chistes, y desde aquí, vaya por delante mi más sincero agradecimiento a ¡Todos! mis numerosos amigos, y a todos mis conocidos, que sin embargo, no dejan de ser también amigos.







lunes, 8 de octubre de 2012

Un cumpleaños diferente!


Bailes tradicionales de Kiribati
Durante los días de vacaciones de semana santa estuve pintando un piso, de mi buena amiga María José, lo que se tradujo en una entrada extra de dinero que nos venía muy bien, y justo en los últimos días me llamaron para trabajar de extra en un bar, en el cual me ofrecieron entrar a trabajar de cocinera.
Entré en el mes de mayo muy contenta, ¡por fin tenía un trabajo! En algo que nunca había hecho para el público, cocinar, si exceptuamos cuando trabajé de cocinera en un barco inglés allá por los años ochenta. Era una especie de cantina, pequeña, de esas que hay en todos los pueblos, de la asociación de vecinos San Cristobal, en el Centro Comercial Diana, pero muy concurrido y con muchas comidas, a pesar de las limitaciones de la cocina, que consistía en un fogón casero con tres fuegos a gas y una plancha, en la que se hacía el pescado y carne por tiempos, o sea, primero se hacía una cosa y luego otra, y en la espera, cervecitas y tapitas.
Quizás no era un trabajo para tirar cohetes, pero la verdad es que me gustaba, me entretenía mucho, no sólo cocinaba y fregaba mucho, sino también compartía de vez un cuando una cervecita y un cigarrillo con los numerosos clientes y amigos que frecuentaban el lugar, y no tenía tiempo de pensar en nada mío, aparte del precioso paseo, que era la larga caminata, que tenía que darme desde la casa o hasta la casa cuando entraba o salía y no tenía a nadie que  me llevara, durante esos paseos sí pensaba, pero en las cosas que podría pagar cuando cobrase mi primer sueldo a fin de mes, y en que quizás este año podríamos llevar a nuestra hija a conocer a su abuela, en el Líbano, que llevaba trece años esperando la pobre mujer.
Con todos estos pensamientos se me olvidó completamente que me había hecho una mamografía y que estaba esperando un resultado, y así llegó el día de mi cumpleaños, el nueve de mayo.

Recuerdo la sensación de despertarme ese día, cincuenta y dos años se desplegaron como en un abanico delante de mis ojos. Cumpleaños en Nepal, viendo el amanecer a los pies del Everest, un viaje fantástico en balsa, a través del rio Kwai en Tailandia, otro viaje aún más alucinante a la isla de Makin, en la aldea de Kiebu, con un picnic al más puro y verdadero estilo isleño allá en los lejanos mares del sur, en una jaima bajo las estrellas en el misterioso Marrackech, subiendo los 648 escalones de un famoso templo muy sagrado en Malasia.
Y aún más atrás en mis recuerdos, con mi madre, hermanos y sobrinos, allá en mi precioso pueblo barbateño, y con muchos amigos y primos, muchos cumpleaños, casi tantos como los años que tenía. Pero este año, después de casi cuatro años de no hacerlo, sin un sueldo, lo iba a pasar trabajando, y este hecho incluso me emocionó, sería una celebración de la manera que fuese, y además me quedaban aún muchos años por cumplir. 

Mi marido no me había dicho nada en toda la tarde, así que a las ocho volví a mi cocina y a mi fregado, ignorante aún de lo que se me venía encima.
Pasadas las doce de la noche llegó a buscarme al trabajo con mi hija, y me dieron una preciosa sorpresa, pues en el coche me esperaba una tarta casera de fruta con helado, y con una vela dorada en el centro.

Me sentí muy emocionada, tanto que decidí ir a tomarme una copa de vino a la pizzería Graham´s, de mi amiga Inés, que estaba en la esquina, y justo cuando aparcábamos enfrente me lo soltó, como una cosa de lo más natural.

-¡Ah! Han llamado esta tarde del hospital que mañana a las seis tenemos que ir para ampliarte las pruebas de la mamografía -recuerdo que estaba sonriendo.

Apenas reaccioné, llegué hasta la barra del bar, saludé a mi amiga y me pedí una copa, pero no fue de vino, sino un largo cubata de ron.
- ¿Qué te han dicho exactamente? - no podía creerme que sólo le hubiesen dicho eso, seguro que había algo más, esa creo que fue mi primera y no la última conjetura, después de todo habían tenido tiempo más que suficiente de haberme llamado antes si pasaba algo malo.
-¡No han dicho nada más que eso! ¡No pienses nada ahora, mañana a las seis dirán algo más y sabremos más! Siempre dices que no hay que preocuparse por lo que no ha pasado, así que aplícate el cuento y predica con el ejemplo.
Mi marido tiene ese poder sobre mí, quizás no tiene buena memoria para sus cosas, pero cada consejo que yo le haya dado a lo largo de nuestra convivencia en común, me lo arroja de vuelta cuando se me va la pinza. Esto me calmó de repente y no quise comentarle nada a mi amiga, conociendo lo asustona que era y lo mucho que se preocupaba de la salud, la propia y la de los demás, decidí que ya habría tiempo de comentárselo, ella era una de las que más veces me había insistido con el tema de las mamografías, lo que se dice una veterana en el tema, y no quise que me transmitiera su preocupación por algo que todavía no era tangible, así que disfruté del que pensé sería mi último cubata como una persona sana para una larga temporada, quizás para siempre.

Esa noche dormí de manera muy inquieta, asaltado mi sueño con pesadillas de enormes máquinas que me perseguían para aplastarme contra el suelo, la idea de otra mamografía me aterraba, pero no podía pensar que la ampliación de las pruebas sería aún más dolorosa.
Todos los pensamientos y recuerdos positivos del día anterior se habían evaporado por completo al despertar la mañana siguiente. Recuerdo que caminé hasta el trabajo, sumida en pensamientos bastante negros, pensamientos que fueron cambiando de color según avanzaba el día. La verdad es que fue una suerte que estuviese trabajando, y el lugar donde trabajaba, ya que creo que no hubo ninguno de los muchos clientes de aquel día que no se enterase de que me hacían más pruebas aquella tarde. 
Es mi forma de esconder el miedo, hablar, pero por los codos,  y sacar fuera todo lo que  me aprieta, ¡y no vean como funciona! Como por arte de magia aparecieron cuatro o cinco de los patronos que habían padecido algún tipo de cáncer, y allí estaban todos ellos, diciéndome que no me preocupara, que seguro que no era nada, especialmente Pili, quien era toda una veterana en tumores. Hasta mi jefe tenía un hermano que estaba batallando contra la innombrable enfermedad, porque eso sí, no recuerdo que nadie dijera la palabra cáncer, todo eran tumores, unos malos y otros menos, pero tumores. Se me hizo la mañana bastante corta, y pronto dieron las cuatro de la tarde, me despedí de mi jefe diciéndole que regresaría a las ocho, pero a las seis de la tarde, cuando me dijeron que me iban a realizar una biopsia, en el mostrador de recepción de la planta de rayos,  supe que no volvería jamás a mi trabajo.

Para mí, eso de la biopsia, era una palabrita que siempre me sonaba mal, más que nada porque rimaba con auptosia y con cosas complejas y desconocidas que ni los médicos saben lo que son, por eso tienen que analizarlas, y la mayoría de las veces no lleva a nada bueno.

Con esos pensamientos dejé a mi marido y a mi niña en la enorme sala de espera junto a la recepción y entré en la pequeña consulta donde me esperaba una enfermera rubia de preciosos rizos dorados junto a una camilla y un extraño aparato.


...Continuará en el libro "Los viajes de mi piel" de próxima publicación.

La primera vez

Mi pequeño altar de Buda,
 la Virgen María y Ghandi, en un rincón de mi casa

Todos hemos pasado por alguna "primera vez", y esta sería la primera vez que yo me hacía una exploración de este tipo, y como es de suponer, la preocupación, aunque intentase no demostrarla iba por dentro,  y era claro que no paré de preguntar como sería el proceso, todo un misterio hasta entonces en mi vida, ya que , la verdad, nunca tuve la menor curiosidad ni siquiera para mirar una máquina.  Mis amigas, todas veteranas “mamógrafas”, quienes ya se las habían hecho muchas veces, me dijeron que eso no dolía nada, que era rápido, y que casi no me daría cuenta. Se equivocaron, o me mintieron.

Era imposible que no doliese, las tetas, por muy flexibles que sean no son de goma, sino de carne y músculos, y tejido, y al menos las mías, siempre habían sido tratadas con muchísimo cariño, y aquella monstruosidad de aparato, frío y duro, se alzaba imponente a un lado de la inhóspita habitación, amenazador y desabrido

-¡Quítate la parte de arriba y los pendientes y cadenas que lleves y lo dejas en ese cuartito!
La voz de Adela, que así se llamaba la enfermera que salió de detrás de la otra puerta de la sala me sobresaltó, y un sudor frío me recorrió las manos.
Sonreí ampliamente y después de preguntarle su nombre le pedí por favor que me dejase relajarme un momento, que estaba muy nerviosa.
-¡Anda! no te preocupes mujer, que terminamos enseguida y no es nada.
-¡Ya! Probablemente no lo sea, pero impresiona mucho la maquinaria, y seguro que algo tiene que molestar.
Le hablaba a la enfermera mientras me desvestía, y por primera vez también pensé en que mi miedo no era tanto a las máquinas como a lo que me iba a encontrar, porque yo sabía que me encontraban algo, era una especie de intuición, y allí mismo decidí que fuese lo que fuese tendría que enfrentarme a ello sin vacilar ni un momento.
-Primero la derecha - me dijo Adela, mientras que con sus dos pequeñas manos me agarró el pecho y lo puso sobre la fría plataforma del mamógrafo -¡No te muevas ahora! - mientras miraba hacia la pantalla que estaba al lado.
Mientras que la plancha apretaba fuertemente, casi cortándome la respiración, y a través de las lágrimas que se me saltaron, miré fijamente a la imagen que enseñaba los conductos más profundos dentro de mi mama, ahí no veía nada, era la derecha. Adela maniobró una vez más con la misma y acto seguido mientras me sujetaba por un hombro puso esta vez el pecho izquierdo debajo de la pesada plancha.

-¿De donde eres? - ante mi nerviosismo y mi cara de preocupación, Adela intentó relajarme - ¡no te preocupes, yo hago esto muchas veces y la mayoría de las veces no es nada mujer!!
-Es que es en este pecho donde me he notado el bultito. -fue mi aterrada respuesta.
-¿Ah sí? ¡Dime por dónde! - pero ya ella lo había colocado en la postura ideal para verlo y creo que nada más posarse la plancha sobre él ya yo lo había visto. Allí estaba, como una pequeña chincheta, uno solo, amenazante, en la parte baja, cerca de la axila.
-¿Eso que es? Un tumor ¿no? - recuerdo que fue lo primero que le dije.

Luego, ya casi no podía hablar más, en ese pecho me hizo cuatro placas, o sea que sentí el horrible apretón del metal cuatro veces más, y la imagen del punto en el mismo sitio que se repetía en todas me confirmó en ese mismo momento mis sospechas, no sé por qué, pero aquello era un cáncer.
De repente, todo el stress de los últimos años pareció evaporarse, ahora tenía que preocuparme de lo verdaderamente importante, fuese lo que fuese.
Lógicamente la enfermera no me podía decir nada, los radiólogos tendrían que ver las placas y si consideraban que algo era sospechoso me llamarían para ampliar las pruebas, normalmente en una semana, pero sino recibía ninguna llamada era que todo estaba bien y me citarían para consulta normal.

Cuando salí de la enorme mole del hospital, al que siempre había considerado como un enemigo le comenté mis sospechas a mi marido.

-¿Por qué tiene que ser algo malo? ¡Piensa que es algo bueno! ¡Venga ya! ¡Que tú sabes concentrarte en lo bueno sólo! - esas fueron sus palabras de ánimo, y desde ese momento no volví a mencionar el tema.

...Continuará

Comienza la odisea!

Mi viejo y querido Marqués, donde comenzaron...
"Los viajes de mi piel"

Comienza la odisea

Cuando empecé el año 2011 lo hice con las peores noticias, o al menos eso pensé entonces. El día de reyes y mi marido sin trabajo otra vez, así escribí en mi última entrada del año pasado. La mala racha nos duraba demasiado, pero estaba segura que pronto cambiaría todo para mejor. Mis pensamientos positivos no me abandonan nunca, aunque de vez en cuando también los pinto de negro, más que nada para ver hasta donde se puede llegar pensando maldades para una misma.
Pero esta vez no llegué muy lejos, llevaba demasiado tiempo tocada por la crisis como para dejar que me hundiese así de pronto, y enseguida comencé a inventar formas de ganarnos la vida. Una hija adolescente fomenta mucho la imaginación, cualquier cosa antes que dejar que las preocupaciones de la casa influyeran en sus notas del instituto.
Para el mes de marzo ya había hecho loterías, rifando lotes de maquillaje, vendido tartas, pedido en Cáritas, en la iglesia, recogido comida en comedores sociales, y aceptado la ayuda de esos amigos que siempre están ahí y que ya saben de tu problema sin contarles muchos detalles. Incluso pudimos permitirnos el lujo de celebrar este año el treceavo cumpleaños de nuestra hija, con mucha ayuda, imaginación, y por supuesto con la compañía de sus amigas que disfrutaron como locas, y nosotros también.
Y por fin llegó la semana santa, época ideal para que un cocinero tenga trabajo, así que lógicamente, mi marido volvió al trabajo, lo malo era que este año la tuvimos en abril, y ya para entonces mis controlados nervios se estaban resintiendo, ¡la hipoteca cojeaba demasiado ya!

Físicamente todo estaba normal hasta que me hice mi palpación mensual después de mi periodo, pues debo decir que aunque cincuentona ya, lo tenía regularmente y sin excepción, si no contamos dos embarazos, desde los quince años. Ya el mes anterior había notado una cosa muy pequeñita, casi imperceptible, tanto, que me costó trabajo volver a localizarlo, pero esta vez, cuando lo encontré, pasé más tiempo palpándolo, tenía el tamaño de una lenteja hindú, de esas que se usan para la sopa dhal, y estaba durito, sin moverse de su sitio.

No soy nada alarmista con los síntomas generalizados, pero nunca me había hecho una mamografía, quizás ese era el momento de hacerme una.
A mi marido simplemente le comenté que podía ser un bultito de grasa o algo así, derivado del stress, y pedí cita en mi médico de cabecera, quien, mujer al fin y al cabo y conociéndome, me derivó al hospital para una “mamo preferente”, como rezaba en el volante azul que me hizo entregar en la recepción.
Realmente preferente, en tres días me llamaron, y allí me encontré con la realidad de los mamógrafos, ¡mi primera vez!

...Continuará

jueves, 4 de octubre de 2012

Premios vida saludable

Aquí lleváis el enlace de mi amiga Áurea, quien ha conseguido no sólo mejorar su vida, sino la de muchas amigas más. Vota por ella, se lo merece!!

http://www.premiosvidasaludable.es/aurea/

martes, 11 de enero de 2011

Un regalo de Reyes


5 de enero 2011


Madrugada del 5 al 6 de enero.
Aquí estoy sentada, perpleja aún. Ni siquiera sé que puedo decir. A mi marido no le renuevan el contrato. Ha bajado el trabajo, y van a aprovechar para hacer reformas en la cocina y echar a unos cuantos, por lo menos hasta la primavera, o sea, abril.
Al principio me entró desánimo, ¡menudo regalo de Reyes!, pero a medida que pasaba la tarde empecé a mirarlo de otra manera. Que no se diga que no pongo en práctica todo lo que sé para que el stress y la depresión no entren en mi vida. Lo primero es mirarlo desde una perspectiva en la que no te veas involucrada, si no, es imposible.
No eres tú la que tiene que pagar la hipoteca, luz, agua, teléfono cada primero de mes, y darle de comer a una hija, amén de vestirla y calzarla (poco), y demás imprevistos que siempre surgen, que al frigorífico le cae muy mal, pues nunca está lleno, sino esa persona que ha adquirido todas esas responsabilidades casi sin darse cuenta, pero por propia iniciativa.
Una familia y una casa conllevan todo eso, y en contrapunto te trae amor y estabilidad a tu vida de alguna manera. Quizás sea mi familia la que me ayuda a mirarlo desde otro punto de vista.
Lejos quedan los días en los que me las manejaba sola, y dormía casi cada mes en un lugar distinto y en distintos países. Cuando no necesitaba nada porque de todo tenía, y no me refiero a material, no, pues hubo muchas veces en las que viví en chozas de pandanas, sin más muebles que una esterilla en el suelo y una hoguera por cocina.
Esa superviviente es la que queda dentro de mí, y a la que saco para poder ver a esta otra mujer aburguesada en la que me he convertido, pero a la que le quedan aún muchas fuerzas y ganas de vivir, y que todavía cuenta con su inteligencia y muchos otros valores para seguir adelante. Esta mujer ya no tiene a nadie que la valore por su pasado, pero sí tiene una hija que tendrá que valorarla por el futuro que le puede ofrecer.
Por eso después de trazarle un plan a esa mujer, esta otra que saco tan raramente, decide irse a casa de su amiga Marijose a cenar, con mi marido y mi hija. Sus dos hijas, Paula y Elena, su gato, Fito, y el viejo y cansado perro Scotty, son una buena compañía. Una rica cena preparada en compañía con un buen vino siempre ayudan a ver las cosas de otra manera.

Mi madrugada será menos dramática, simplemente escribo mientras pienso que este es el primer año en el que mi hija no tendrá sus regalos debajo del árbol. De repente se me ocurre una idea. Tengo muchas cosas para vender, le empaqueto varias cosas en bonitas cajas y bolsas plateadas, toalla, joyero, espuma de baño olor chicle, esponja de baño, cepillo de dientes, un desodorante perfumado, y un billete de 50€. ¡Gracias Oriflame una vez más! No he olvidado mi deuda. El regalo de Marijose y las niñas ya no está sólo bajo las iluminadas ramas del árbol. Mi niña tendrá sus reyes!
Así que ya sabemos, no merece la pena ahondar en el desespero, siempre sale una luz donde menos se espera, hay que disfrutar del momento, por poco que se tenga, ayuda a ver con claridad y a desear querer estar así siempre, y por eso, se lucha.
¡Visualiza lo que deseas y ponte a trabajar por ello, al final lo conseguirás!

martes, 4 de enero de 2011

¡Hoy llegan los Reyes! (los magos ¡claro!)


Madrugada del 5 de enero de 2011. Ni pensaba en volver a escribir en este blog, pues la verdad es que las tres entradas que tiene se quedaron simplemente en eso, en entradas, ni creo que lo haya leido nadie. Ya ni vendo cosméticos, ni tengo restaurante, eso sí, deudas tengo unas cuantas, no muy grandes, pero no vean lo que joden. Mi vida se ha acortado bastante, y digo acortado, porque realmente esto no es una vida. Cada mes la misma lucha. Un solo sueldo, el de mi marido, que apenas da para pagar la hipoteca, la luz, telefono, agua, y un poco de comer, pues no vayan a creer que podemos permitirnos no ya salir fuera, sino comprar nada especial, ni tan siquiera leña para la chimenea. Muchos potajes y gracias a Dios que me permite cocinarlos. El tema de la ropa, ni sé cuando fue la ultima vez que me compre algo, que a mi la verdad, ya ni me importa, pero tengo una hija pronta a cumplir 13 años, y la pobre menos mal que es grande y se puede vestir con cosas mias, sino iria con ropa de los 9 años. Todo empezó cuando montamos el restaurante en mi pueblo. Las cosas se torcieron alli, y desde entonces la crisis nos arrastró cual bola de nieve rodando por una pendiente. Pero bueno, no puedo quejarme, seguimos manteniendo la casa, y nuestra hija sigue creciendo y estudiando mucho, y es buena, asi que con eso me conformo, de momento.
Yo, que he vivido en todos los continentes de esta tierra, y he trabajado en multitud de sitios y a todos los niveles, me pregunto adonde iremos a parar, pues la verdad no le veo color a la cosa, lo mire por donde lo mire. Pienso de volver a marcharme otra vez al extranjero, pero al mismo tiempo estoy consciente de que mis ataduras sentimentales y morales me lo impiden, sin olvidar de que para irme necesito dinero, y, claro, tampoco hay, así que he decidido que desde hoy voy a ir escribiendo todo lo que se me pasa por la cabeza según voy viviendo mi dia a dia, a ver si puedo lograrlo. Ya saben, uno de esos deseos de cambio para el nuevo año. Creo que no lo haré mal, pues al fin y al cabo aquí estoy, a las 4.30 de la madrugada, plasmando mis dolorosos y grises pensamientos en mi blog, el cual no sé si leerán alguna vez, pero al menos sé que mi hija si que lo hará algún día, por eso lo voy a hacer. Buenas madrugadas por hoy, mañana será otro día, y es el dia libre de mi marido, que trabaja en un restaurante manejado por ingleses que piensan que las navidades las provee Papá Noel, pues hasta el dia de hoy no han pagado los sueldos, con lo cual, este será el primer año en que mi hija no tenga ni un solo regalo, hasta ahora una vestimenta que le ha regalado Odalys, mi amiga cubana, y que pudo estrenar el dia 1 de enero. Me oscurezco cada vez más, así que abandono y me voy a la cama, soñando no existe la crisis, y como programo los sueños en vez de dormir, pues eso que me mantiene sana.
Good night Mundo!