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martes, 8 de enero de 2013

Comenzamos el viaje!

De cabeza a la primera semana del año. Hay que comenzar teniendo buenos propósitos y sobre todo intentando cumplirlos. Recién comenzado este nuevo año que tan tenebroso les resulta a algunos, no puedo dejar de recordarme a mí misma, que un año más iniciamos nuestra singladura, navegaremos por días de incertidumbre, otros nos dejaremos llevar por el acompasar de las olas, esperando que el mismo mar nos de la solución, y seguro que otros necesitaremos anclar en algún lugar, simplemente porque la vida nos sonría en ese momento, o porque ya puestos, lo mismo iba a dar pararse que continuar. 
Para todos estos días, no dejemos nunca de saber, que tarde o temprano, la vida nos obligará de nuevo a levar anclas, algunas veces nosotros mismos elegiremos el destino, otras, será la misma vida la que nos lleve, y debemos afrontar todos esos momentos siempre con la misma actitud, que no es otra que la de saber que cuando no puedas con la vida, sonríele, y cuando puedas, también, para que nunca sepa la vida misma cuando tu espíritu se encuentra más débil, y así nunca podrá derrotarte, y al menos, el día que todo te cambie de una manera drástica, sea por el motivo que sea, tus lágrimas no llegarán a empapar tu almohada.
 Y ahora, nada mejor que unos mantras de relajación, para que se sosieguen nuestros espíritus y empecemos a prepararnos para el descanso que nos espera en esta primera noche de vuelta a la normalidad.
No se olviden de que todo es cuestión de actitud, y que hay que ponerse los tacones y salir a pisotear las tristezas, ¡sea el año que sea!
Om Mani Padme Hum!

lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Adiós 2012 y Bienvenido 2013!

Por fin llegó el 31 de diciembre! Nunca en mi vida he estado tan deseosa de ver acabar un año. Un año que nos ha traído un sinfín de historias malas, por todo el ancho y vasto mundo, pero al que tenemos que mirar como un año más de enriquecimiento espiritual para todos nosotros. Tenemos que pensar en lo bueno que nos ha dejado también, que de seguro algo habrá, sino para nosotros en concreto, al menos para alguien a quien queramos o estimemos.
Son muchas las cosas que se podrían decir de este año que nos deja, pero las horas apremian, y las palabras solo servirán para traer a la memoria quizás algunos recuerdos que hayamos enterrado ya en lo más profundo de nuestras mentes, por eso quiero pensar solamente en este nuevo año que comenzará en unas horas, que como alguien dijo, nos traerá de nuevo 365 oportunidades de ser felices, o al menos de intentarlo, recordando siempre que ser feliz es cuestión de actitud, no tanto como disfrutar de posesiones materiales, que al fin y al cabo, serán siempre sólo eso, cosas que se compran, se usan, y se dejan, sin más importancia, lo otro, es lo que perdurará siempre. 
Un abrazo a un amigo, las palabras musitadas al oído de las personas amadas, las risas compartidas de los niños, los paseos bajo la luna, los chapoteos entre las olas en el verano, las visitas inesperadas de viejos amigos, los besos robados de la adolescencia, el milagro del nacimiento de nuestros hijos, las flores que nos saludan en el campo cada primavera, la nieve de las montañas en el invierno, las hojas amarillentas que alfombran los parques en otoño, y todo un mundo de sensaciones que a veces tendemos a olvidar, eso es lo que verdaderamente importa.
Así que bajo el espeso manto del olvido guardaré todas las malas experiencias y vivencias de este año, que quedarán por siempre relegadas a su verdadero lugar, que no es otro que el pasado, y alzaré mi copa este año,  justo a las doce de la noche, y brindaré con, y por todo el mundo, para que en este nuevo año que comienza, la luz de la claridad del nuevo ciclo, vuelva a llenar de esperanza e ilusión toda nuestra vida, y que nuestra lucha sea al final recompensada. 
Que este año sea el final de la crisis, de las guerras, del desamor, de los olvidos, de los odios, y sobre todo de la desesperanza, y ¡ojalá que todos podamos seguir pisoteando las tristezas con nuestros zapatos de tacón!
Un brindis de Amor y Esperanza para el mundo entero!
Om Mani PAdme Hum!


jueves, 8 de noviembre de 2012

Cambiando armarios en noviembre

En mi 7ª Quimio, la pasada Nochevieja, celebrada con mi hija
y mi marido en la casa. Con mi peluca y mi traje de fiesta.

Cambiando armarios en Noviembre

¡Por fin llegaron las aguas! Este año han tardado más en llegar, y es que, eso es lo que tiene vivir en una zona tan privilegiada como lo es la Costa del Sol. Marbella, San Pedro Alcántara, Estepona, y todas sus pedanías, disfrutan siempre de un clima envidiable, aunque con estos días de agua que llevamos nada nos lleve a pensarlo, ¡porque mira que está lloviendo! Pero como digo, al fin llegaron las lluvias y llegó el tan ansiado y temido momento de cambiar de ropas en la casa.
Se abren armarios y van saliendo como en un eterno desfile, vestidos descotados, faldas imposibles, shorts, camisetas, toallas de playa, bikinis, pareos, pañuelos para la cabeza, sandalias; esas sandalias que han enseñados nuestros pies desnudos al mundo hasta casi ahora mismo, y que ahora parecen abochornadas de tanto descoco y se apresuran a esconderse en bolsas y cajas hasta el próximo verano.
Todo adquiere un tinte diferente, cuando uno tras otro van acabando, bien en la lavadora para prepararlos para su largo encierro, o directamente en bolsas donde dormirán su sueño invernal en el fondo de baúles y cajones.
Junto con ellos, se van quedando atrás largas tarde de verano contemplando atardeceres, días de risas y baños, de juegos con las olas, comidas playeras, esas sangrías caseras compartidas con amigos en la orilla del mar. Fiestas de lunas llenas, conciertos al aire libre, exposiciones, ferias de pueblo, moragas, barbacoas, bautizos, bodas y comuniones, todos celebrados bajo el alegre augurio del sol y de las cálidas temperaturas en toda la geografía española, cada una de ellas pasará a compartir su lugar junto con nuestros vestuarios veraniegos.
Durante el verano, hasta la más negra de las calamidades parece alejarse de nosotros, aunque sea en sentido metafórico, ya que el dolor y la tristeza no entienden de estaciones, como no entienden tampoco la pobreza, la enfermedad, ni la propia muerte, y es que al ser humano le basta un simple rayo de sol para engancharse a él cual cabo salvador. Ni tan siquiera la complicada y peligrosa situación financiera de nuestro país, con la que nos han bombardeado sin piedad durante la época estival, ha logrado impedir que todos hayamos disfrutado, a un nivel u otro, y de diferentes maneras, de un estupendo y feliz verano.
Pero ya llegó noviembre, a mi juicio el mes más triste del año, ya que lo comenzamos con la memoria de todos nuestros seres queridos que ya no están con nosotros, y el recuerdo todavía duele. Este año doblemente triste por la pérdida de cuatro jóvenes vidas, truncadas, como en un cruel sarcasmo, en lo que parecía ser una inocente fiesta de Halloween. La música y el ruido acompañaron sus partidas, ignorantes del drama que se vivió en aquella ratonera en la que se había convertido un pasillo de salida. La tragedia del Madrid Arena, y los nombres de Katia, Rocío, Cristina y Belén, estarán siempre ligados al comienzo de todos los próximos noviembres que lleguen.
Y nosotros, los que quedamos, sacaremos todas nuestras prendas de abrigo, botas y zapatos, edredones y mantas, con las que cubriremos nuestros cuerpos durante los largos y oscuros días de invierno que se avecinan. Nos refugiaremos, bajo ellos, no sólo del frío, sino de todas esas otras noticias que hablan de futuros esperpénticos, de desastres naturales, de gentes sin casas, sin comida, sin trabajo.
Sacamos de nuestros arcones, no sólo ropa, sino una coraza protectora, que se convertirán en nuestra tabla salvadora en los duros meses venideros.
Hay como una sensación de desamparo y desesperación cuando agarramos abrigos y ponchos de lana, pero yo quiero romper una lanza por la esperanza. Tenemos que mirar bien en el fondo de nuestros baúles, pues seguro que quien más o quien menos, tiene alguna lentejuela brillante en algún vestido o camiseta que casi habíamos olvidado. Un zapato de salón de tacones y punteras imposibles, los cuales dominamos como verdaderas acróbatas cuando nos subimos a ellos, y un bolso de noche en el que duerme escondida aquella barra de labios que usamos en las últimas fiestas.
Hay que aferrarse a ellos, y pensar, que noviembre será pronto un mes pasado, y que luego llega diciembre, cuando nuestras calles volverán a iluminarse con bombillitas de colores, anuncios de premios y loterías, rifas de cestas y canastos de Navidad, y aunque también nos traigan recuerdos de ausencias, debemos convertirlos en aquellos momentos felices que compartimos con los que ya no están.
Pensemos, aunque sea por un momento, que diciembre será un mes diferente, que nos dejará mejores noticias en lo económico, en lo social, en la ciencia, en la lucha por curar esas enfermedades malditas que tanto dolor producen. Pensemos que podremos ayudar a todas esas personas que luchan y sufren cada día por culpa de su situación económica, a los que a pesar de haberlo perdido todo siguen adelante sin desmayo.
Dejemos que la visión de nuestra ropa de fiesta se convierta en una realidad, hagamos una cadena de solidaridad, aunque sólo puedas con el pensamiento, porque estoy segura, de que si todos proyectamos el mismo pensamiento positivo, lo llenamos de luz y amor, no sólo seremos y nos sentiremos mejores personas, sino que ayudaremos de verdad y con el corazón a aquel que más lo necesita. Y recuerda, siempre llegará el verano y habrá que volver a cambiar los armarios, así que ponte los tacones y ¡sal a pisotear la tristeza!

jueves, 25 de octubre de 2012

En un día de lluvias

En memoria de José Miguel Domingo

En un día de lluvias
Amanecieron los cielos preñados de nubes, y como era de suponer, descargó todas sus  aguas con alivio, mucho tiempo sin bajar a besar a su amada tierra, que la esperaba ansiosa de ser de nuevo humedecida, como una joven ninfa.
Bajo el amparo de un techo, el soniquete del agua cayendo sobre los tejados adormece los sentidos y te remonta a aquellas épocas de la infancia, en la que la lluvia en la noche  era la mejor excusa para acurrucarse con madre y hermanos bajo una cobija calentita.
Pero en este momento, en muchos rincones de España, hay muchas familias, demasiadas diría yo, que ya no escuchan el agua caer sobre sus tejados, sino sobre sus cabezas, y sobre todas sus ilusiones truncadas de un plumazo. Esta noche, también hay muchas familias que seguramente esperan a que quizás mañana, en algún juzgado de  cualquier pueblo o ciudad española, un juez firme otra nueva orden de desahucio, y que esta vez les toque a ellos macharse de sus casas. O quizás, en cualquier otro lugar, otro hombre espere al amanecer para quitarse la vida y no tener que enfrentarse al dolor y al horror de ver como echan a su familia a la calle, como ese pobre hombre en Granada, quién, cual triste paradoja, convocó en su casa y a la misma hora, a la policía investigando el suicidio, y a la comisión de desahucio acompañado también por la policía. El banco se queda con la propiedad, y el difunto pierde no sólo el piso, sino también la vida. Parecía que estas cosas sólo pasaban en la pobre Grecia, pero ya ven, aquí también está llegando la desesperación de la impotencia.
Mientras, las noticias económicas nada más que hablan de rescates, y de millones de euros, que nadie ha visto nunca, ni probablemente verá, porque todo ese rescate irá a manos de los que hicieron que este pobre hombre se quitara la vida, y de los que tienen la culpa de que esta noche, la lluvia caiga sobre personas desamparadas, los poderosos bancos.
Esta sociedad política y financiera, está condenando no sólo a los más desfavorecidos, sino también a la clase media, y a muchos de los que hicieron que ellos llegaran al poder, a una vida oscura y gris, donde la desconfianza y el miedo se apodera del ser humano y lo atenaza, obligándoles a guardar silencio ante el temor de ser expuesto públicamente al vil escarnio de la vergüenza por haber sido incapaz de mantener una vida digna. Lo aisla socialmente, ya nunca esa persona podrá acceder a ninguna otra oportunidad que implique conseguir otra casa, otro crédito, un teléfono, un vehículo, una nómina, nunca más habrá tarjetas de crédito en esa cartera, y seguramente ese estigma llegue hasta el futuro de sus hijos, marcándoles ya desde pequeños.
Ya es hora de que tomemos conciencia de que esto se está yendo de las manos, no se pueden seguir permitiendo más de 500 desahucios diarios en toda nuestra geografía, cientos de familia abocadas a vivir en el arroyo mientras que el parque de viviendas vacías se incrementa por minutos. La dación en pago no es una solución, sino un deber, y al mismo tiempo ofrecer esa misma casa con un alquiler social a los antiguos propietarios, quienes no tendrían que abandonar así su hogar, especialmente cuando hay niños y mayores de por medio.
Esto sólo se puede lograr si entre todos hacemos presión a través de las plataformas que se han creado al efecto, nuestras firmas son importantes, entra en PAH, Plataforma de afectados por la Hipoteca y firma la petición.

SI QUEREMOS, ¡PODEMOS!, aquí os dejo el enlace!


Se ha ampliado el plazo para entregar las firmas hasta el 25 de enero de 2013

Ante los tristes hechos acontecidos hoy en Granada, y como muestra de solidaridad con la familia de José Miguel, bajo el lema “Contra el Genocidio financiero y los desahucios, procesemos a los culpables”, hoy viernes, 26 de Octubre, la PAH convoca a una concentración en los siguientes lugares, si tu ciudad no está en la lista entérate por tus medios locales.

Convocatorias confirmadas:

Barcelona. Viernes 26 octubre. Pl. Catalunya 21:00 h

Tarragona. Viernes 26 Octubre. Pl. Imperial Tarraco a las 21:00 h

Almería. Viernes 26 Octubre. Pl.Puerta de Purchena a las 12:00 h

Granada. Viernes 26 Octubre. C/Arzobispo Guerrero num 15 (Chana) a las 19:00 h

Mallorca. Sábado 27 Octubre. Plaza España a las 19:00 h

Logroño. En breve confirman día y hora.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Por el sueño de Malala!


Manifestación de apoyo a Malala en Lahore (Pakistán).
 Foto: ARIF ALI / AFP. Huffintong Post
¡POR EL SUEÑO DE MALALA!
Si decimos el nombre de Malala Yousafzai, a lo mejor no nos suene de mucho, pero si decimos que ese es el nombre de la niña pakistaní que se ha enfrentado a los fanáticos talibanes, que prohíbe la asistencia de las niñas a las escuelas, y que fue brutalmente disparada en la cabeza cuando volvía a su casa del colegio en un autobús, la cosa cambia.
Desde el lunes, está a salvo en un hospital británico, donde gracias a Dios ya empieza a  recuperarse valientemente de sus brutales heridas. Es un buen hospital, especialistas en tratar heridas de bala, y donde todo el personal se está desviviendo por ella.
La noticia, que ha saltado a todos los medios internacionales, no sólo pone de relevancia la importancia de la educación para nuestros menores, sino que ha puesto el dedo en la llaga al revelar hasta que punto, el nacimiento y los orígenes de una persona, de dónde viene y quiénes son sus padres, es lo que más condiciona su futuro, mucho más que el conocimiento o los méritos que puedan tener.
Malala empezó su lucha con tan sólo 11 años, no creo que ella llegara a pensar nunca que repercusión tendría este hecho en su vida, y mucho menos imaginar en la de muchas niñas y niños no sólo en su país, sino en todo el planeta.
Tanto en Pakistán, su país de origen, como en India, Bangladesh, Afganistán y todo Occidente, la valentía de Malala está inspirando un verdadero rechazo hacia los talibanes, y se ha convertido en una verdadera heroína para millones de niños, y una hija adoptiva para millones de padres.

Existen en la actualidad 32 millones de niñas como Malala, que viven excluidas de la escuela, muchas, como ella, discriminadas por su sexo. Millones más reciben una educación inferior a la de los varones, lo que lleva a la conclusión, según las cifras que harán públicas la UNESCO. que en el mundo se les niega el derecho a la escuela a unos 61 millones de niños, lo que hace que las oportunidades de inclusión en el mercado laboral a través de la educación sigan siendo una promesa vacía. Muchos millones de niños y niñas, descartados ya a los cinco o seis años, no podrán superar nunca la enorme brecha que existe entre lo que son y lo que podrían llegar a ser.
 Hace ya muchos años, tantos como los que han pasado desde 1985, tuve la oportunidad de trabajar en algunos proyectos educativos allá en la lejana Micronesia, organizados dentro del PNUD, o lo que es lo mismo, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y puedo asegurarles, que la simple llegada de los profesores voluntarios a aquellas remotas islas, y la culminación de la fabricación de las aulas para que los jóvenes pudieran estudiar, eran  el mayor motivo de júbilo y celebración de todos aquellos nativos perdidos en aquellas remotas islas de Kiribati, no digamos cuando culminábamos algunos de los cursos de Tecnología Alternativa, que era la materia a la que yo me dedicaba, aquel simple trozo de papel que era el premio a la asistencia continuada y al aprendizaje tanto del idioma inglés, como de nuevas alternativas de vida, se convertía en el mayor tesoro de cualquiera de ellos.
Cuando creamos el concepto de las primeras guarderías infantiles en las alejadas aldeas de las islas exteriores, en las que se impartían clases a los más pequeños, alegraba el alma ver con que entusiasmo y con que alegría se incorporaban aquellos niños a sus clases, nunca tuve ningún problema con lloros o no querer quedarse, todo lo contrario, algunos no querían marcharse.
Para todos estos niños, como Malala, el concepto de la educación abarca muchas más cosas que en nuestra sociedad, para ellos es un paso más hacia adelante dentro de sus estructuras sociales, un logro no sólo personal, sino para toda la comunidad.
Desde el Pacífico, pasando por Asia y culminando en África, no hay nada más importante que poder conseguir una buena educación para sus hijos, y mientras que aquí, en Occidente, podemos gastarnos hasta 100.000 dólares para educar a nuestros hijos, al menos hasta los 16 años, el mundo no invierte más que 400 dólares -250 veces menos- para escolarizar a un niño africano, por ejemplo.
La educación es la mejor arma para combatir los dogmas extremistas, y el mejor antídoto contra las doctrinas del odio con las que los talibanes hacen proselitismo entre la juventud mundial, digamos que invertir en la educación haría de nuestro mundo un lugar más seguro, y sería lo único que podría romper el ciclo de miseria no sólo de una persona, sino de todo un país.
Yo también creo, como dice Gordon Brown, ex - primer Ministro británico y actual enviado especial de la ONU para la Educación en el mundo, que estas son suficientes razones, económicas y morales, como para invertir más de 25 céntimos a la semana para educar a los niños y niñas más pobres, y en los países más pobres del mundo.
No podemos ni debemos seguir tolerando que existan carencias de libros, de aulas y de maestros, que se sigan explotando laboralmente a los niños, y por supuesto abolir el matrimonio infantil y la discriminación contra las niñas especialmente, esta es una iniciativa promulgada dentro del programa Educación Primero de Naciones Unidas, cuya idea primordial es hacer que todas las instituciones de la ONU y el Banco Mundial colaboren para paliar estos obstáculos que impiden una mayor calidad en la educación.
Unas de las promesas fundamentales realizadas por los líderes mundiales y reflejadas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, fue la de que todos los niños pequeños estarían en la escuela primaria antes de 2015. Cuando faltan solo tres años para esa fecha, y ahora que las ayudas a la educación están disminuyendo, no nos queda más que una oportunidad de dar la vuelta a la situación para cumplir el plazo.
La educación en el mundo es un tema de todos, hay que saber emplear mejor los recursos, apoyarlos y coordinarlos  con ayudas de los más favorecidos y voluntarios, y tenemos que conseguir que un día, el sueño de Malala se haga realidad, conseguir que Todos los niños del mundo tengan una educación.

Las cifras expuestas en este artículo han sido extraídas de un artículo del Huffington Post escrito por Gordon Brown.
Gordon Brown es el enviado especial de la ONU para la Educación en el Mundo y el próximo mes visitará Pakistán. La petición que presentará al presidente Zardari y a Ban Ki-moon, en la que se exige justicia para Malala y educación para todas las niñas, puede firmarse en www.educationenvoy.org y iammalala.org.

lunes, 22 de octubre de 2012

Y sin embargo...amigos!

La soledad se disipa cuando estás junto al mar.
Una playa de la India

Y sin embargo amigo…
Hoy, domingo me puse a limpiar el trastero de viejas revistas, bueno, en realidad una colección del País Semanal, que acumulé cuando todavía podía comprar el periódico, ahora, aunque pueda leerlo en Internet, ya no es lo mismo, no se huele la tinta fresca a través de la pantalla.
Me tropiezo con un fabuloso artículo escrito por Juan Cruz, “Y sin embargo amigo…” es del pasado 15 de marzo de 2009. No es muy actual el artículo en sí, pero sí el tema, los amigos, eso siempre está de moda en todos los tiempos, y más estos días.

¡Ah! Los amigos. En los casi 17 años que llevo residiendo en esta parte del mundo, por elección propia, ya que después de tantísimos años de estancia en el extranjero, necesitaba un lugar más cosmopolita para vivir que mi pueblo gaditano, puedo y debo decir que tengo muchísimos, a mí eso de que conocidos muchos y amigos pocos, nunca me ha cuadrado mucho, pues el nivel de amistad va variando con la vida, y por las circunstancias, queramos o no.

En todos estos años de nueva convivencia con mis paisanos españoles he pasado por muchos niveles de amistad, creo que por casi todos, condicionado siempre por el ambiente, las zonas donde he vivido, los amores que me acompañaron o el nivel de trabajo que he tenido.
Tengo amigos que conservo desde que llegué, otros casi desde que nací, y muchos otros con los que perdí el contacto pero sé que están bien y que siguen ahí, y por supuesto, cientos de amigos que conocí en mí deambular por el mundo, que comprenden muchísimas nacionalidades, a los que gracias al fantástico invento de las redes sociales sigo la pista en muchos rincones del planeta.

No es fácil vivir en la Costa del Sol, donde todo lo que pasa está en el ojo público la mayor parte del tiempo, quizás sea por eso por lo que muchos de sus habitantes tratan la amistad más como una moneda al uso. Todo depende de a quien conoces y en el círculo donde te mueves. Así será considerado el nivel de amistad que puedas llegar a tener con nadie. Huelga decir que siempre hay excepciones, pero aún así, esta bendita crisis que nos ha tocado vivir acaba con muchas de las buenas intenciones de muchos amigos.

Mi personalidad es bastante ruidosa, o estoy totalmente desaparecida una larga temporada, perdida en uno mis numerosos relatos, o simplemente pintando o leyendo en una faceta contemplativa. Y de repente, aparezco por todos los saraos, totalmente exuberante de felicidad y con tres mil proyectos nuevos que estoy deseando contar.
Nunca tuve un término medio, y reconozco que siempre he sido un poco apabullante, rayando en lo petulante a veces, pero es que me he pasado una gran parte de mi vida viviendo en recónditos lugares perdidos allá por los mares del Sur, también en el Asia más profunda, pasando por las cálidas tierras cubanas allá en el Caribe, y claro, eso marca, amén de que desde mi llegada pocos viajes y cosas fantásticas me han pasado, exceptuando el nacimiento de mi hija hace ya catorce años, así que quizás, lo reconozco, soy bastante reiterativa con el tema de mis viajes.

Pero claro, vuelvo al tema de las circunstancias, la amistad y la crisis, esa maldita crisis que tanto desgasta, ya no sólo porque nos invaden a diario desde todos los rincones con palabras como rescate, prima de riesgo, deuda, desahucios, manifestación, huelgas, sino por que es tanta la cercanía de las imágenes de los problemas de nuestro achuchado país, que ya somos muchos los que vemos, demasiado a menudo, a muchos amigos siendo arrojados a la calle desde sus propias casas.
Nos sorprendemos, porque claro, a ver como le dices a un amigo de toda la vida, o de unos años, que quizás está en tu misma situación, que estás a punto del desahucio, que no tienes para comer, o para comprarle unos zapatos a tus hijos o libros, para pagar la luz, el agua, que comes gracias a los comedores sociales y a organizaciones de ayuda, y que sobrevives básicamente gracias a la ayuda de los tres o cuatro incondicionales amigos que siguen estando a tu lado a pesar de todo, unos porque pueden y otros porque con gran esfuerzo logran meterte en sus también maltrechas economías.
Antes, los amigos nos llamábamos para casi cualquier cosa, para organizar una fiesta, una barbacoa, una reunión para hablar sobre nimiedades, comentar algún libro, y de pronto, todo eso se desvanece. Según van desapareciendo las actividades sociales de tu agenda, van desapareciendo los amigos con ellas, luego, te quedas sin teléfono fijo, y el móvil una excusa perfecta, demasiado caro para que te llamen, todo el mundo está afectado, y cuando vienes a darte cuenta, estás en el borde del precipicio y no hay nadie a tu alrededor a quien contarle nada, ni siquiera te queda el consuelo de Internet, no hay línea, ni wifi.

Y aquí es donde entra en juego la amistad, no podemos ni debemos olvidarnos de todos aquellos que por circunstancias se han alejado de nuestras vidas, no sabemos realmente lo que ocurre detrás de cada puerta de los hogares de muchos amigos, pero de una cosa sí podemos estar seguros, cuando te encuentres a uno de ellos en la cola del paro, o en la puerta de los comedores sociales, no lo ignores, aunque sepas que él pretende no haberte visto, seguro que está esperando esa mano amiga que se apoye en su hombro y al menos le diga:
- ¿Qué pasó amigo?, ¡aquí estoy contigo!

Así que ya saben, por todo esto, yo seguiré siendo reiterativa con el tema de mis viajes, de mis libros, mis cuadros, mi cocina, mi yoga, mi meditación, mis chistes, y desde aquí, vaya por delante mi más sincero agradecimiento a ¡Todos! mis numerosos amigos, y a todos mis conocidos, que sin embargo, no dejan de ser también amigos.







lunes, 8 de octubre de 2012

Un cumpleaños diferente!


Bailes tradicionales de Kiribati
Durante los días de vacaciones de semana santa estuve pintando un piso, de mi buena amiga María José, lo que se tradujo en una entrada extra de dinero que nos venía muy bien, y justo en los últimos días me llamaron para trabajar de extra en un bar, en el cual me ofrecieron entrar a trabajar de cocinera.
Entré en el mes de mayo muy contenta, ¡por fin tenía un trabajo! En algo que nunca había hecho para el público, cocinar, si exceptuamos cuando trabajé de cocinera en un barco inglés allá por los años ochenta. Era una especie de cantina, pequeña, de esas que hay en todos los pueblos, de la asociación de vecinos San Cristobal, en el Centro Comercial Diana, pero muy concurrido y con muchas comidas, a pesar de las limitaciones de la cocina, que consistía en un fogón casero con tres fuegos a gas y una plancha, en la que se hacía el pescado y carne por tiempos, o sea, primero se hacía una cosa y luego otra, y en la espera, cervecitas y tapitas.
Quizás no era un trabajo para tirar cohetes, pero la verdad es que me gustaba, me entretenía mucho, no sólo cocinaba y fregaba mucho, sino también compartía de vez un cuando una cervecita y un cigarrillo con los numerosos clientes y amigos que frecuentaban el lugar, y no tenía tiempo de pensar en nada mío, aparte del precioso paseo, que era la larga caminata, que tenía que darme desde la casa o hasta la casa cuando entraba o salía y no tenía a nadie que  me llevara, durante esos paseos sí pensaba, pero en las cosas que podría pagar cuando cobrase mi primer sueldo a fin de mes, y en que quizás este año podríamos llevar a nuestra hija a conocer a su abuela, en el Líbano, que llevaba trece años esperando la pobre mujer.
Con todos estos pensamientos se me olvidó completamente que me había hecho una mamografía y que estaba esperando un resultado, y así llegó el día de mi cumpleaños, el nueve de mayo.

Recuerdo la sensación de despertarme ese día, cincuenta y dos años se desplegaron como en un abanico delante de mis ojos. Cumpleaños en Nepal, viendo el amanecer a los pies del Everest, un viaje fantástico en balsa, a través del rio Kwai en Tailandia, otro viaje aún más alucinante a la isla de Makin, en la aldea de Kiebu, con un picnic al más puro y verdadero estilo isleño allá en los lejanos mares del sur, en una jaima bajo las estrellas en el misterioso Marrackech, subiendo los 648 escalones de un famoso templo muy sagrado en Malasia.
Y aún más atrás en mis recuerdos, con mi madre, hermanos y sobrinos, allá en mi precioso pueblo barbateño, y con muchos amigos y primos, muchos cumpleaños, casi tantos como los años que tenía. Pero este año, después de casi cuatro años de no hacerlo, sin un sueldo, lo iba a pasar trabajando, y este hecho incluso me emocionó, sería una celebración de la manera que fuese, y además me quedaban aún muchos años por cumplir. 

Mi marido no me había dicho nada en toda la tarde, así que a las ocho volví a mi cocina y a mi fregado, ignorante aún de lo que se me venía encima.
Pasadas las doce de la noche llegó a buscarme al trabajo con mi hija, y me dieron una preciosa sorpresa, pues en el coche me esperaba una tarta casera de fruta con helado, y con una vela dorada en el centro.

Me sentí muy emocionada, tanto que decidí ir a tomarme una copa de vino a la pizzería Graham´s, de mi amiga Inés, que estaba en la esquina, y justo cuando aparcábamos enfrente me lo soltó, como una cosa de lo más natural.

-¡Ah! Han llamado esta tarde del hospital que mañana a las seis tenemos que ir para ampliarte las pruebas de la mamografía -recuerdo que estaba sonriendo.

Apenas reaccioné, llegué hasta la barra del bar, saludé a mi amiga y me pedí una copa, pero no fue de vino, sino un largo cubata de ron.
- ¿Qué te han dicho exactamente? - no podía creerme que sólo le hubiesen dicho eso, seguro que había algo más, esa creo que fue mi primera y no la última conjetura, después de todo habían tenido tiempo más que suficiente de haberme llamado antes si pasaba algo malo.
-¡No han dicho nada más que eso! ¡No pienses nada ahora, mañana a las seis dirán algo más y sabremos más! Siempre dices que no hay que preocuparse por lo que no ha pasado, así que aplícate el cuento y predica con el ejemplo.
Mi marido tiene ese poder sobre mí, quizás no tiene buena memoria para sus cosas, pero cada consejo que yo le haya dado a lo largo de nuestra convivencia en común, me lo arroja de vuelta cuando se me va la pinza. Esto me calmó de repente y no quise comentarle nada a mi amiga, conociendo lo asustona que era y lo mucho que se preocupaba de la salud, la propia y la de los demás, decidí que ya habría tiempo de comentárselo, ella era una de las que más veces me había insistido con el tema de las mamografías, lo que se dice una veterana en el tema, y no quise que me transmitiera su preocupación por algo que todavía no era tangible, así que disfruté del que pensé sería mi último cubata como una persona sana para una larga temporada, quizás para siempre.

Esa noche dormí de manera muy inquieta, asaltado mi sueño con pesadillas de enormes máquinas que me perseguían para aplastarme contra el suelo, la idea de otra mamografía me aterraba, pero no podía pensar que la ampliación de las pruebas sería aún más dolorosa.
Todos los pensamientos y recuerdos positivos del día anterior se habían evaporado por completo al despertar la mañana siguiente. Recuerdo que caminé hasta el trabajo, sumida en pensamientos bastante negros, pensamientos que fueron cambiando de color según avanzaba el día. La verdad es que fue una suerte que estuviese trabajando, y el lugar donde trabajaba, ya que creo que no hubo ninguno de los muchos clientes de aquel día que no se enterase de que me hacían más pruebas aquella tarde. 
Es mi forma de esconder el miedo, hablar, pero por los codos,  y sacar fuera todo lo que  me aprieta, ¡y no vean como funciona! Como por arte de magia aparecieron cuatro o cinco de los patronos que habían padecido algún tipo de cáncer, y allí estaban todos ellos, diciéndome que no me preocupara, que seguro que no era nada, especialmente Pili, quien era toda una veterana en tumores. Hasta mi jefe tenía un hermano que estaba batallando contra la innombrable enfermedad, porque eso sí, no recuerdo que nadie dijera la palabra cáncer, todo eran tumores, unos malos y otros menos, pero tumores. Se me hizo la mañana bastante corta, y pronto dieron las cuatro de la tarde, me despedí de mi jefe diciéndole que regresaría a las ocho, pero a las seis de la tarde, cuando me dijeron que me iban a realizar una biopsia, en el mostrador de recepción de la planta de rayos,  supe que no volvería jamás a mi trabajo.

Para mí, eso de la biopsia, era una palabrita que siempre me sonaba mal, más que nada porque rimaba con auptosia y con cosas complejas y desconocidas que ni los médicos saben lo que son, por eso tienen que analizarlas, y la mayoría de las veces no lleva a nada bueno.

Con esos pensamientos dejé a mi marido y a mi niña en la enorme sala de espera junto a la recepción y entré en la pequeña consulta donde me esperaba una enfermera rubia de preciosos rizos dorados junto a una camilla y un extraño aparato.


...Continuará en el libro "Los viajes de mi piel" de próxima publicación.

La primera vez

Mi pequeño altar de Buda,
 la Virgen María y Ghandi, en un rincón de mi casa

Todos hemos pasado por alguna "primera vez", y esta sería la primera vez que yo me hacía una exploración de este tipo, y como es de suponer, la preocupación, aunque intentase no demostrarla iba por dentro,  y era claro que no paré de preguntar como sería el proceso, todo un misterio hasta entonces en mi vida, ya que , la verdad, nunca tuve la menor curiosidad ni siquiera para mirar una máquina.  Mis amigas, todas veteranas “mamógrafas”, quienes ya se las habían hecho muchas veces, me dijeron que eso no dolía nada, que era rápido, y que casi no me daría cuenta. Se equivocaron, o me mintieron.

Era imposible que no doliese, las tetas, por muy flexibles que sean no son de goma, sino de carne y músculos, y tejido, y al menos las mías, siempre habían sido tratadas con muchísimo cariño, y aquella monstruosidad de aparato, frío y duro, se alzaba imponente a un lado de la inhóspita habitación, amenazador y desabrido

-¡Quítate la parte de arriba y los pendientes y cadenas que lleves y lo dejas en ese cuartito!
La voz de Adela, que así se llamaba la enfermera que salió de detrás de la otra puerta de la sala me sobresaltó, y un sudor frío me recorrió las manos.
Sonreí ampliamente y después de preguntarle su nombre le pedí por favor que me dejase relajarme un momento, que estaba muy nerviosa.
-¡Anda! no te preocupes mujer, que terminamos enseguida y no es nada.
-¡Ya! Probablemente no lo sea, pero impresiona mucho la maquinaria, y seguro que algo tiene que molestar.
Le hablaba a la enfermera mientras me desvestía, y por primera vez también pensé en que mi miedo no era tanto a las máquinas como a lo que me iba a encontrar, porque yo sabía que me encontraban algo, era una especie de intuición, y allí mismo decidí que fuese lo que fuese tendría que enfrentarme a ello sin vacilar ni un momento.
-Primero la derecha - me dijo Adela, mientras que con sus dos pequeñas manos me agarró el pecho y lo puso sobre la fría plataforma del mamógrafo -¡No te muevas ahora! - mientras miraba hacia la pantalla que estaba al lado.
Mientras que la plancha apretaba fuertemente, casi cortándome la respiración, y a través de las lágrimas que se me saltaron, miré fijamente a la imagen que enseñaba los conductos más profundos dentro de mi mama, ahí no veía nada, era la derecha. Adela maniobró una vez más con la misma y acto seguido mientras me sujetaba por un hombro puso esta vez el pecho izquierdo debajo de la pesada plancha.

-¿De donde eres? - ante mi nerviosismo y mi cara de preocupación, Adela intentó relajarme - ¡no te preocupes, yo hago esto muchas veces y la mayoría de las veces no es nada mujer!!
-Es que es en este pecho donde me he notado el bultito. -fue mi aterrada respuesta.
-¿Ah sí? ¡Dime por dónde! - pero ya ella lo había colocado en la postura ideal para verlo y creo que nada más posarse la plancha sobre él ya yo lo había visto. Allí estaba, como una pequeña chincheta, uno solo, amenazante, en la parte baja, cerca de la axila.
-¿Eso que es? Un tumor ¿no? - recuerdo que fue lo primero que le dije.

Luego, ya casi no podía hablar más, en ese pecho me hizo cuatro placas, o sea que sentí el horrible apretón del metal cuatro veces más, y la imagen del punto en el mismo sitio que se repetía en todas me confirmó en ese mismo momento mis sospechas, no sé por qué, pero aquello era un cáncer.
De repente, todo el stress de los últimos años pareció evaporarse, ahora tenía que preocuparme de lo verdaderamente importante, fuese lo que fuese.
Lógicamente la enfermera no me podía decir nada, los radiólogos tendrían que ver las placas y si consideraban que algo era sospechoso me llamarían para ampliar las pruebas, normalmente en una semana, pero sino recibía ninguna llamada era que todo estaba bien y me citarían para consulta normal.

Cuando salí de la enorme mole del hospital, al que siempre había considerado como un enemigo le comenté mis sospechas a mi marido.

-¿Por qué tiene que ser algo malo? ¡Piensa que es algo bueno! ¡Venga ya! ¡Que tú sabes concentrarte en lo bueno sólo! - esas fueron sus palabras de ánimo, y desde ese momento no volví a mencionar el tema.

...Continuará

Comienza la odisea!

Mi viejo y querido Marqués, donde comenzaron...
"Los viajes de mi piel"

Comienza la odisea

Cuando empecé el año 2011 lo hice con las peores noticias, o al menos eso pensé entonces. El día de reyes y mi marido sin trabajo otra vez, así escribí en mi última entrada del año pasado. La mala racha nos duraba demasiado, pero estaba segura que pronto cambiaría todo para mejor. Mis pensamientos positivos no me abandonan nunca, aunque de vez en cuando también los pinto de negro, más que nada para ver hasta donde se puede llegar pensando maldades para una misma.
Pero esta vez no llegué muy lejos, llevaba demasiado tiempo tocada por la crisis como para dejar que me hundiese así de pronto, y enseguida comencé a inventar formas de ganarnos la vida. Una hija adolescente fomenta mucho la imaginación, cualquier cosa antes que dejar que las preocupaciones de la casa influyeran en sus notas del instituto.
Para el mes de marzo ya había hecho loterías, rifando lotes de maquillaje, vendido tartas, pedido en Cáritas, en la iglesia, recogido comida en comedores sociales, y aceptado la ayuda de esos amigos que siempre están ahí y que ya saben de tu problema sin contarles muchos detalles. Incluso pudimos permitirnos el lujo de celebrar este año el treceavo cumpleaños de nuestra hija, con mucha ayuda, imaginación, y por supuesto con la compañía de sus amigas que disfrutaron como locas, y nosotros también.
Y por fin llegó la semana santa, época ideal para que un cocinero tenga trabajo, así que lógicamente, mi marido volvió al trabajo, lo malo era que este año la tuvimos en abril, y ya para entonces mis controlados nervios se estaban resintiendo, ¡la hipoteca cojeaba demasiado ya!

Físicamente todo estaba normal hasta que me hice mi palpación mensual después de mi periodo, pues debo decir que aunque cincuentona ya, lo tenía regularmente y sin excepción, si no contamos dos embarazos, desde los quince años. Ya el mes anterior había notado una cosa muy pequeñita, casi imperceptible, tanto, que me costó trabajo volver a localizarlo, pero esta vez, cuando lo encontré, pasé más tiempo palpándolo, tenía el tamaño de una lenteja hindú, de esas que se usan para la sopa dhal, y estaba durito, sin moverse de su sitio.

No soy nada alarmista con los síntomas generalizados, pero nunca me había hecho una mamografía, quizás ese era el momento de hacerme una.
A mi marido simplemente le comenté que podía ser un bultito de grasa o algo así, derivado del stress, y pedí cita en mi médico de cabecera, quien, mujer al fin y al cabo y conociéndome, me derivó al hospital para una “mamo preferente”, como rezaba en el volante azul que me hizo entregar en la recepción.
Realmente preferente, en tres días me llamaron, y allí me encontré con la realidad de los mamógrafos, ¡mi primera vez!

...Continuará

martes, 11 de enero de 2011

Un regalo de Reyes


5 de enero 2011


Madrugada del 5 al 6 de enero.
Aquí estoy sentada, perpleja aún. Ni siquiera sé que puedo decir. A mi marido no le renuevan el contrato. Ha bajado el trabajo, y van a aprovechar para hacer reformas en la cocina y echar a unos cuantos, por lo menos hasta la primavera, o sea, abril.
Al principio me entró desánimo, ¡menudo regalo de Reyes!, pero a medida que pasaba la tarde empecé a mirarlo de otra manera. Que no se diga que no pongo en práctica todo lo que sé para que el stress y la depresión no entren en mi vida. Lo primero es mirarlo desde una perspectiva en la que no te veas involucrada, si no, es imposible.
No eres tú la que tiene que pagar la hipoteca, luz, agua, teléfono cada primero de mes, y darle de comer a una hija, amén de vestirla y calzarla (poco), y demás imprevistos que siempre surgen, que al frigorífico le cae muy mal, pues nunca está lleno, sino esa persona que ha adquirido todas esas responsabilidades casi sin darse cuenta, pero por propia iniciativa.
Una familia y una casa conllevan todo eso, y en contrapunto te trae amor y estabilidad a tu vida de alguna manera. Quizás sea mi familia la que me ayuda a mirarlo desde otro punto de vista.
Lejos quedan los días en los que me las manejaba sola, y dormía casi cada mes en un lugar distinto y en distintos países. Cuando no necesitaba nada porque de todo tenía, y no me refiero a material, no, pues hubo muchas veces en las que viví en chozas de pandanas, sin más muebles que una esterilla en el suelo y una hoguera por cocina.
Esa superviviente es la que queda dentro de mí, y a la que saco para poder ver a esta otra mujer aburguesada en la que me he convertido, pero a la que le quedan aún muchas fuerzas y ganas de vivir, y que todavía cuenta con su inteligencia y muchos otros valores para seguir adelante. Esta mujer ya no tiene a nadie que la valore por su pasado, pero sí tiene una hija que tendrá que valorarla por el futuro que le puede ofrecer.
Por eso después de trazarle un plan a esa mujer, esta otra que saco tan raramente, decide irse a casa de su amiga Marijose a cenar, con mi marido y mi hija. Sus dos hijas, Paula y Elena, su gato, Fito, y el viejo y cansado perro Scotty, son una buena compañía. Una rica cena preparada en compañía con un buen vino siempre ayudan a ver las cosas de otra manera.

Mi madrugada será menos dramática, simplemente escribo mientras pienso que este es el primer año en el que mi hija no tendrá sus regalos debajo del árbol. De repente se me ocurre una idea. Tengo muchas cosas para vender, le empaqueto varias cosas en bonitas cajas y bolsas plateadas, toalla, joyero, espuma de baño olor chicle, esponja de baño, cepillo de dientes, un desodorante perfumado, y un billete de 50€. ¡Gracias Oriflame una vez más! No he olvidado mi deuda. El regalo de Marijose y las niñas ya no está sólo bajo las iluminadas ramas del árbol. Mi niña tendrá sus reyes!
Así que ya sabemos, no merece la pena ahondar en el desespero, siempre sale una luz donde menos se espera, hay que disfrutar del momento, por poco que se tenga, ayuda a ver con claridad y a desear querer estar así siempre, y por eso, se lucha.
¡Visualiza lo que deseas y ponte a trabajar por ello, al final lo conseguirás!